martes, 26 de marzo de 2013

Los amorosos

Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino, 
el más tembloroso, el más insoportable. 
Los amorosos buscan, 
los amorosos son los que abandonan, 
son los que cambian, los que olvidan. 
Su corazón les dice que nunca han de encontrar, 
no encuentran, buscan.

Los amorosos andan como locos 
porque están solos, solos, solos, 
entregándose, dándose a cada rato, 
llorando porque no salvan al amor. 
Les preocupa el amor. Los amorosos 
viven al día, no pueden hacer más, no saben. 
Siempre se están yendo, 
siempre, hacia alguna parte. 

Esperan, 
no esperan nada, pero esperan. 
Saben que nunca han de encontrar. 
El amor es la prórroga perpetua, 
siempre el paso siguiente, el otro, el otro. 
Los amorosos son los insaciables, 
los que siempre —¡qué bueno!— han de estar solos.

Los amorosos son la hidra del cuento. 
Tienen serpientes en lugar de brazos. 
Las venas del cuello se les hinchan 
también como serpientes para asfixiarlos. 
Los amorosos no pueden dormir 
porque si se duermen se los comen los gusanos.

En la obscuridad abren los ojos 
y les cae en ellos el espanto.

Encuentran alacranes bajo la sábana 
y su cama flota como sobre un lago.

Los amorosos son locos, sólo locos, 
sin Dios y sin diablo.

Los amorosos salen de sus cuevas 
temblorosos, hambrientos, 
a cazar fantasmas. 
Se ríen de las gentes que lo saben todo, 
de las que aman a perpetuidad, verídicamente, 
de las que creen en el amor como en una lámpara de inagotable aceite.

Los amorosos juegan a coger el agua, 
a tatuar el humo, a no irse. 
Juegan el largo, el triste juego del amor. 
Nadie ha de resignarse. 
Dicen que nadie ha de resignarse. 
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.

Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla, 
la muerte les fermenta detrás de los ojos, 
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada 
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.

Les llega a veces un olor a tierra recién nacida, 
a mujeres que duermen con la mano en el sexo, complacidas, 
a arroyos de agua tierna y a cocinas.

Los amorosos se ponen a cantar entre labios 
una canción no aprendida. 
Y se van llorando, llorando 
la hermosa vida.

Jaime Sabines



domingo, 24 de marzo de 2013

Cartas al círculo polar II



Voy a tientas con la luz apagada, tropezando con los trastos pero haciendo el camino. Voy ciega sin lazarillos que me alumbren. Buscando otros ojos locos que ayuden a ver el mundo. Te huelo, te intuyo desde lejos. Universos paralelos, eso somos tú y yo. Universos de agua y fuego con vida propia que laten a millones de años luz. Últimamente paso el día en malas compañías estando sola. No teniendo más castigo que el de ser yo misma. Y sin más luz que tu inocente recuerdo que viene a darme el beso de buenas noches y a recordarme que aún sé querer. Nunca sabrás que mis corazonadas hablan siempre de ti, que no tengo más razones ni juicios que perder desde que te fuiste. Te contaría que te veo en cada espejo que me miro, que eres culpable de cada tiempo muerto. No he aprendido a evitar las piedras del camino, porque creo que en el fondo me gusta tropezar.
Y la verdad...la verdad más desnuda, es que un rato cada día disfruto cerrando los ojos y pensando en ti, y recordando cómo eras mucho antes, cuando aún existías.

"De pronto el viento aúlla y golpea mi ventana cerrada.
El cielo es una red cuajada de peces sombríos.
Aquí vienen a dar todos los vientos, todos
Se desviste la lluvia. Pasan huyendo los pájaros.
El viento. El viento.
Yo sólo puedo luchar contra la fuerza de los hombres.
El temporal arremolina hojas oscuras
y suelta todas las barcas que anoche amarraron al cielo.
Cuanto te habrá dolido acostumbrarte a mí,
a mi alma sola y salvaje, a mi nombre que todos ahuyentan."  
 
Pablo Neruda 

jueves, 7 de marzo de 2013

Hay...



Hay lugares vacíos con ventanas al mar en cada rincón del planeta.
Hay personas vacías buscando luz en cada rincón del planeta.
Flores que nacen y crecen sin saber a dónde ir a parar.
Sillas que se oxidan por no tener a quién descansar.
Camas que se mueren de pena por no tener sueños que regalar.
Montones de libros sin cuentos que contar.
Paredes blancas esperando colgar algún cuadro.
Besos sin bocas, manos sin caricias.
El café se muere de amor por el humo que le baila y se va.
Colores que no saben ser colores sin una luz que les alumbre.
Noches celosas de la mañana.
Corazones enfermos inundados de pastillas y sin abrazos.
Noticias malas sin héroes ni heroína.
Hay luces que se apagan sin más, y amores que son para toda la vida.
Amores que no se arrugan porque no entienden de tiempo.
Versos sin padre ni poema.
Hay palabras que se mueren en la punta de la lengua y castillos de arena construídos en las caderas de la luna.
Hay moscas que consiguen traspasar la ventana.
Existen libros con dedicatorias, vidas dedicadas a una fiel pasión y sueños que algún cabrón arrebata para siempre.
El viento peina a su manera.
Hay infieles que comparten hipotecas.
Hay sexo con amor.
Hay París sin poetas y musas sin pintores.
Hay días que anochece para siempre y primaveras que llegan.
Y hay personas tristes que encuentran su luz y hogar en un lugar que parecía esperarle toda la vida.

domingo, 3 de marzo de 2013

Vuelve(me)




Y me vuelves de repente.
Me vuelves como las hojas de abril, como un invierno mal curado. Sin razón alguna te encuentro perdida entre mis apuntes, entre las líneas de los libros que nunca leí. Como un coleccionista loco, amante, sin duda, de lo que nunca tuve. El más masoquista de todos, amando el placer y el ruego de que aún me duelas. Y ni si quiera este invierno ya me quema. Tus círculos y mis letras componiendo el más sonoro de este cuadro que ocupa esta casa vieja. Casa vieja, agrietada desde los cimientos... Queriéndote como la reina y abanderada de esta luna que se desnuda. Como un loco que te hace y deshace a su manera, como el escritor que mata y renace a sus personajes, como el pintor que da vida y pinta cuchillos. Entre sueños que nunca dejo de tener. Tan absurdo y coherente... Me vuelves como una tormenta que no moja, como un invierno mal curado. Me vuelves porque aún te escribo, porque sólo existes cuando yo te escribo, pero cuando suelto el lápiz feneces...Mi Galatea, eres la mejor de mis jaquecas.
"Que ridículo es el amor después del amor."