Me han dado besos con sabor a café, mojados, escondidos, robados, deseados, recordados, dulces, mordidos, con prisa, con risa.
También recuerdo todos los besos que no me han dado.
He visto morir el día mientras nacía algo en mi pecho.
Me he visto envejecer algún jueves por la tarde.
He revivido en unos brazos.
He viajado en una cama, en libros y canciones, en los asientos de atrás de algún coche.
Me han echado de sitios.
He llegado sin pedir permiso.
He temido que me despidieran en silencio.
Me he ido con lo más terrible de una despedida: el silencio.
He roto.
Me han roto.
He vuelto con la frente marchita.
He escrito tanto que me han borrado.
Me han visto llorar y gritar.
He echado de menos los nudos desnudados de un tiempo que llegaba a destiempo.
Me ha arropado el sol de la primavera, he dormido en su sombra.
Me he desnudado en exposiciones.
He dado vida a trozos de papel.
He sido de nadie.
He mentido y me han engañado.
He querido sin querer.
He desnudado con los ojos.
He pintado con los dedos.
He pedido y me han dado, a veces no he querido.
He aprendido.
He querido desaprender tantas cosas.
He sido la mejor.
Y después la peor.
He dibujado, pintado, imaginado, querido, soñado.
He echado de menos a quien después eché de más.
He olvidado al primer amor en brazos de un primer amor.
He conseguido tanto, que ahora no puedo quedarme quieta.
He buscado durante media vida mi hogar.
Aún sigo buscando un sitio donde quedarme a vivir.
Hoy es siempre todavía, dijo alguien.
He vivido tanto, que ahora quiero vivir otro tanto...
martes, 31 de diciembre de 2013
lunes, 30 de diciembre de 2013
Te desnudas igual...
Te desnudas igual que si estuvieras sola
y de pronto descubres que estás conmigo.
¡Cómo te quiero entonces
entre las sábanas y el frío!
Te pones a flirtearme como a un desconocido
y yo te hago la corte ceremonioso y tibio.
Pienso que soy tu esposo
y que me engañas conmigo.
y de pronto descubres que estás conmigo.
¡Cómo te quiero entonces
entre las sábanas y el frío!
Te pones a flirtearme como a un desconocido
y yo te hago la corte ceremonioso y tibio.
Pienso que soy tu esposo
y que me engañas conmigo.
jueves, 12 de diciembre de 2013
Irremediablemente
Te quiero a las diez de la mañana, y a las once, y a las doce del día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia. Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando me pongo a pensar en nosotros dos, y tú piensas en la comida o en el trabajo diario, o en las diversiones que no tienes, me pongo a odiarte sordamente, con la mitad del odio que guardo para mí.
Luego vuelvo a quererte, cuando nos acostamos y siento que estás hecha para mí, que de algún modo me lo dicen tu rodilla y tu vientre, que mis manos me convencen de ello, y que no hay otro lugar en donde yo me venga, a donde yo vaya, mejor que tu cuerpo. Tú vienes toda entera a mi encuentro, y los dos desaparecemos un instante, nos metemos en la boca de Dios, hasta que yo te digo que tengo hambre o sueño.
Todos los días te quiero y te odio irremediablemente. Y hay días también, hay horas, en que no te conozco, en que me eres ajena como la mujer de otro. Me preocupan los hombres, me preocupo yo, me distraen mis penas. Es probable que no piense en ti durante mucho tiempo. Ya ves. ¿Quién podría quererte menos que yo, amor mío?
Luego vuelvo a quererte, cuando nos acostamos y siento que estás hecha para mí, que de algún modo me lo dicen tu rodilla y tu vientre, que mis manos me convencen de ello, y que no hay otro lugar en donde yo me venga, a donde yo vaya, mejor que tu cuerpo. Tú vienes toda entera a mi encuentro, y los dos desaparecemos un instante, nos metemos en la boca de Dios, hasta que yo te digo que tengo hambre o sueño.
Todos los días te quiero y te odio irremediablemente. Y hay días también, hay horas, en que no te conozco, en que me eres ajena como la mujer de otro. Me preocupan los hombres, me preocupo yo, me distraen mis penas. Es probable que no piense en ti durante mucho tiempo. Ya ves. ¿Quién podría quererte menos que yo, amor mío?
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
