Deja a la máquina que duerma.
Por las mañanas deja de funcionar, actúa insolente por inercia y come de la lógica.
La máquina se rompe, la máquina se fuerza.
A media mañana le damos de comer, empiezan los primeros rugidos. Con suerte al echarle la comida agarra algún brazo. Al caer la tarde llega lo peor, la máquina en pleno esplendor comienza a vibrar, rompe el suelo, tiemblan los vecinos. Tengo que aguantar la lluvia de tuberías, tus nudos y humedades. Aprieto todos los botones pensando cómo apagar el chisme, nada funciona. Tú sigues imparable, arrastrando todo contigo, llevándonos a todos al agujero.
Cuando llega la noche tengo las manos rojas de apretarte las tuercas, con el alma doliente te puedo salvar durante unas horas. Consigo calmar tus ladridos podridos del recuerdo. La máquina se cansa, la máquina entonces duerme. Por la mañana deja de sentir, yo también descanso, hasta que vuelve a empezar la rutina de un chisme ruidoso. Estúpido cuerpo, cuando vuelve a sentir, el suelo entero tiembla.
Por las mañanas deja de funcionar, actúa insolente por inercia y come de la lógica.
La máquina se rompe, la máquina se fuerza.
A media mañana le damos de comer, empiezan los primeros rugidos. Con suerte al echarle la comida agarra algún brazo. Al caer la tarde llega lo peor, la máquina en pleno esplendor comienza a vibrar, rompe el suelo, tiemblan los vecinos. Tengo que aguantar la lluvia de tuberías, tus nudos y humedades. Aprieto todos los botones pensando cómo apagar el chisme, nada funciona. Tú sigues imparable, arrastrando todo contigo, llevándonos a todos al agujero.
Cuando llega la noche tengo las manos rojas de apretarte las tuercas, con el alma doliente te puedo salvar durante unas horas. Consigo calmar tus ladridos podridos del recuerdo. La máquina se cansa, la máquina entonces duerme. Por la mañana deja de sentir, yo también descanso, hasta que vuelve a empezar la rutina de un chisme ruidoso. Estúpido cuerpo, cuando vuelve a sentir, el suelo entero tiembla.
