Es mentira que las cosas dejen de doler. Una simplemente se va acostumbrando a vivir con agujeros. Todavía recuerdo tus besos y las carcajadas, todavía me acuerdo del dorado del pelo de mi primer perro. Eres de color del oro, le decía. Y todavía si me concentro, esos dolores me duelen como el primer día. Tengo la sensación de que con los años solo acomodas dolores y respuestas. Yo no quiero saber tanto, solo quiero saber que mi madre va a estar bien. Ya ves, a la vida le pido poquísimo.
Mañana es mi cumpleaños, y tengo la suerte de saber que hay tres o cuatro descelebradas que se romperían un pie por venir a abrazarme, mi madre sigue dando voces por mi casa. Que nada cambie y los que lleguen, se queden para rato, ese será mi deseo. Eras del color del oro, todavía os recuerdo. Tanto que no lo imaginaríais.