sábado, 8 de febrero de 2014

La perra que duerme a los pies de tu cama

Ojalá algún día pueda compensarte.
Ojalá puedas perdonar los días que estuve sin estar,
los silencios que nos gritaban bajo esas cuatro paredes,
mis ganas de escapar a cualquier bar para volver después de tu mano a casa.
Ojalá entiendas que nunca me quise ir, aunque hablase de maletas.
Ojalá perdones mis idas y venidas,
las dudas que agarraban mi cuello cuando pensaba en esa señora con tacones de aguja llamada Responsabilidad.
Ojalá, amor, sepas perdonar mis copas de más, mis polvos de menos, y mis mañanas de mierda.
Y entiendas también, que nunca tuve la culpa de que me temblasen las piernas al pensar que toda una vida es mucho tiempo.
No tengo edad de merecer, ni tampoco vengo de familia ejemplar.
Ojalá no veas la cobarde que soy, ni me veas volver con el rabo entre las piernas y con resaca de ti.

Ojalá nunca sea tarde para hacerte saber que jamás me perdí uno de tus amaneceres,
que me siento mejor persona desde que te acurrucas en mí,
que lo único que me acojona son tus miedos.


"Hemos llegado aquí juntos en un Mustang de mierda que ya no va marcha atrás.
Yo iba a ser un héroe de la guitarra, ella iba a diseñar mi vestuario. Yo terminé produciendo y ella terminó sola, todo el tiempo. Ella quiso la casa... yo quise la libertad. Y la conseguí, joder. Ahora bebo lo que quiero, esnifo lo que quiero, follo lo que quiero...
Pero ella es lo único que quiero."

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