A mi querida y preciosa hija.
Te estoy escribiendo una carta.
Exacto, una verdadera carta como las de antes.
Es un arte perdido, ¿verdad? Igual que las pajas.
Tengo que confesarte una cosa; no me gustabas mucho al principio, eras una pequeña cosa molesta, olías bien la mayor parte del tiempo, pero no parecías tener mucho interés en mí, lo que naturalmente, me parecía ofensivo.
Erais solo tú y tu madre contra el mundo, es curioso, algunas cosas nunca cambian, así que seguí con mi vida, hice mis cosas, me comporté como un estúpido, sin entender cuánto te cambia el ser padre.
No recuerdo el momento exacto en que todo cambió, solo se que sucedió, hasta entonces había sido impenetrable, nada podía afectarme pero de repente, empecé a sentir que el corazón se me salía del pecho, que estaba a merced de los elementos…
Quererte ha sido la experiencia mas intensa, profunda y dolorosa de mi vida, de hecho ha sido una casi insoportable, como padre tuyo, juré protegerte del mundo, sin darme cuenta de que yo sería quien terminaría haciéndote mas daño…
Cuando camino hacia adelante se me parte el corazón, sobre todo por que no logro imaginarte hablando de mi con orgullo, ¿Y cómo podías hacerlo? Tu padre es un niño en el cuerpo de un adulto, al que no le importa nada y le importa todo al mismo tiempo, noble en la teoría, débil en la practica.

No hay comentarios:
Publicar un comentario