viernes, 29 de mayo de 2015

Para que me entiendas

Canta, corazón.
Procura no atragantarte con lo que te digo,
Evita acelerarte, evita los pasos de cebra, lo fácil,
evita correr, aunque de sobra se que no sabes parar.
Haz un atajo al estómago
tengo ahí los cuervos, junto al amor y las mariposas.
Háblale de lo que te cuento.
Poneos de acuerdo para latir a la vez.
Nunca lo hacéis.
Hay ruido en uno y eco en el otro.
Haz de mis tripas un bonito ramo de flores
que todos los pétalos sean un 'me quiere'.
Canta, corazón.
Que no te callen los ladridos de los perros,
ni de mi boca
haz bailar a los gatos en los tejados.
No te desarmes, inútil, libérrimo, siempre sin hacer caso,
acampando a tus anchas en el sitio donde te ofrecen un plato caliente.
Ríe, corazón,
que nadie sepa pararte los pies,
ni ponerte los puntos sobre las íes,
ábreme de par en par las vidrieras para que sepas verme de colores.
Para que me entiendas en el silencio,
y la distancia.
No mires atrás, corazón,
es posible que lo que veas no sea de tu agrado,
tampoco a los lados,
todo es fugaz.
Cántame, corazón.

Para que tú me oigas 
mis palabras
se adelgazan a veces

Ellas trepan así por las paredes húmedas.
Eres tú la culpable de este juego sangriento.

Ellas están huyendo de mi guarida oscura.
Todo lo llenas tú, todo lo llenas.

Antes que tú poblaron la soledad que ocupas,
y están acostumbradas más que tú a mi tristeza.

Todo lo ocupas tú, todo lo ocupas.



domingo, 10 de mayo de 2015

Del amor y del propio

Joder.
Qué guarrada sin ti.
Cuando llego a casa
y no estas.
Cuando estas pero no te veo.
Cuando creo haberte visto.
Cuando en realidad es otra.
Cuando no sé dónde estas. 
Cuando parece mentira, pero eres tú.
Cuando ya te lo dije.
Cuando espero que me lo hagas como si no me quisieras.
Qué guarrada inventarte.
Qué putada querer sin escrúpulos.
Sin bailes. 
Con Extremoduro. 
En la asquerosísima desmedida del todo quedar grande o pequeño.

Qué necesario fue volver en mi.
Saberme inmune a cualquier tristeza.
Entretenerme conmigo.
Aprender que no son los lugares, cosas, ni personas 
quien nos hacen felices,
sino uno mismo.
Viajar por dentro,
conocerme en la suerte y en la desdicha.
Soportar la soledad, los silencios, 
aceptar los días de tristeza
y defender por encima de todo la alegría.
Qué justo sentirme ahora feliz. 
Y qué guarrada. 

martes, 5 de mayo de 2015

Gracias

Me abrazó igual que se abraza a un perro callejero por pena.
Como quien abraza al animal que le muerde la mano 
porque el perro es un pobre miserable que solo conoce el acto de morder.
Con la gracia en el indulto como buena alfarera de la redención.
Con la grandeza que caracteriza ese abrazo, ahora sé que le sobran conversaciones raras, discusiones de por qué el lado oscuro de la luna, 
definiciones exactas
y cualquier metáfora de mierda. 
Le sobran estas palabras.
que solo vienen a recalcar, lo que llevo tiempo queriendo decir.
Y a mi me sobran cruces en las que pararme a descansar, 
y tormentas transitorias -sin las que no sé vivir- que despeinan los castillos de arena que son mi patria. 

Ahora libre de mi, mujer de las vidrieras de colores.
De mis cicatrices en las rodillas por quererte
tanto y con tan poco
de los soplos de aire que me dan picores de corazón
de las lunas que besé en el cielo de tu boca. 

Me vas a permitir, que estrene libertades hoy como un niño,
la de escribirte, pensarte, dibujarte, echarte de menos...

Gracias por salvarme, 
y hacerme entender
que el amor también son libertades
que siempre quise permitirme contigo.

Me salvaste la vida
y supiste irte como nadie
-hasta en eso fuiste la mejor-.
cogiste un montón de escombros,
y poco a poco,
con la yema de los dedos mojadas en saliva, por supuesto en la tuya
-sospecho que ahí estaba el secreto-
me dijiste esta piedra va aquí, y esta aquí.
y me reconstruiste.
ahora tengo todo un palacio, sólo necesito aprenderme los pasillos, llenarlo
con las cosas que me ayudaran a vivir, esquivar las trampas que hacía
cuando no mirabas.
y saber seguir adelante
no te gustaría quedarte en mi castillo, camarera de sueños
aquí ya cumpliste con todo.
no me queda más que darte, sólo unas manos inquietas y muchas noches en vela.


viernes, 1 de mayo de 2015


Cuántas veces, amor, te amé sin verte y tal vez sin recuerdo, 
sin reconocer tu mirada, sin mirarte, centaura, 
en regiones contrarias, en un mediodía quemante: 
eras sólo el aroma de los cereales que amo. 
Tal vez te vi, te supuse al pasar levantando una copa 
en Angol, a la luz de la luna de Junio, 
o eras tú la cintura de aquella guitarra 
que toqué en las tinieblas y sonó como el mar desmedido. 
Te amé sin que yo lo supiera, y busqué tu memoria. 
En las casas vacías entré con linterna a robar tu retrato. 
Pero yo ya sabía cómo era. De pronto 
mientras ibas conmigo te toqué y se detuvo mi vida: 
frente a mis ojos estabas, reinándome, y reinas. 
Como hoguera en los bosques el fuego es tu reino.


P. Neruda