martes, 30 de junio de 2015

De pequeña mi mayor preocupación era no salirme de la raya al dibujar. 

De mayor, sigue preocupándome el no salirme de la raya. 

(...)




viernes, 26 de junio de 2015

Después de las fiestas




Y cuando todo el mundo se iba
y nos quedábamos los dos
entre vasos vacíos y ceniceros sucios,

qué hermoso era saber que estabas
ahí como un remanso,
sola conmigo al borde de la noche,
y que durabas, eras más que el tiempo,

eras la que no se iba
porque una misma almohada
y una misma tibieza
iba a llamarnos otra vez
a despertar al nuevo día,
juntos, riendo, despeinados.






domingo, 21 de junio de 2015

La mujer del tiempo

Es el día más largo del año.
No lo digo yo, lo dicen los señores del tiempo. 
Será el día más largo del año
y nos despertaremos igual que todos los demás días: 

lejos.








viernes, 19 de junio de 2015

Exilio

El tiempo borrará mi nombre escrito en las paredes de los pasillos que me vieron crecer.
Las pequeñas manos sucias decorando el gotelé.
Quizás algún día me echen de menos las sillas, 
la escalera donde me hice la primera cicatriz.
La mesa que al llegar el verano juntaba a la ventana para ver mejor mientras pintaba.
Oxidado estará el balcón donde pasaba las tardes jugando.
Las puertas que ya no abriré no se abrirán más.
Tan limpias las paredes, sin mi.
Tan vacías las sillas.
Una casa huérfana de ruido.
Los muros de la calle donde por primera vez cogí un spray para pintar,
donde hice una obra de arte pegando chicles a la pared.
El escondite donde me fumé el primer cigarro jugándome la vida.

Con qué celeridad uno es exiliado del lugar donde la sangre le tira, donde fue feliz.
Después de eso uno se hace de ninguna parte.
Parece montar en una bicicleta con las ruedas del desarraigo,
hechas a propósito para no quedarse demasiado tiempo en ningún lugar. 
Se puede ser exiliado de tantas cosas,
exiliado de un hogar, de un país, de una mujer...

Guardo un trozo de vida entre las paredes.
Para nadie se queda.
Suspendido en el aire.
Suspendido en el tiempo.
Para siempre.

(...ya no reconozco 
ni los muros, ni las calles
que vieron mi juventud
Desde lo alto de una escalera
busco el taller
donde ya nada queda
En su nueva decoración
Montmartre parece triste
y las lilas están muertas

La bohemia, la bohemia 
éramos jóvenes, éramos locos
La bohemia, la bohemia 
eso ya no significa nada de nada.)

miércoles, 17 de junio de 2015

Todo está lleno de ti, 
y todo de mí está lleno: 
llenas están las ciudades, 
igual que los cementerios 
de ti, por todas las casas, 
de mí, por todos los cuerpos.

Por las calles voy dejando 
algo que voy recogiendo: 
pedazos de vida mía 
venidos desde muy lejos.

Voy alado a la agonía, 
arrastrándome me veo 
en el umbral, en el fondo 
latente del nacimiento.

Todo está lleno de mí: 
de algo que es tuyo y recuerdo 
perdido, pero encontrado 
alguna vez, algún tiempo.

Tiempo que se queda atrás 
decididamente negro, 
indeleblemente rojo, 
dorado sobre tu cuerpo.

Todo está lleno de ti, 
traspasado de tu pelo: 
de algo que no he conseguido 
y que busco entre tus huesos.



II

Mis ojos, sin tus ojos, no son ojos, 
que son dos hormigueros solitarios, 
y son mis manos sin las tuyas varios 
intratables espinos a manojos..

No me encuentro los labios sin tus rojos, 
que me llenan de dulces campanarios, 
sin ti mis pensamientos son calvarios 
criando nardos y agostando hinojos.

No sé qué es de mi oreja sin tu acento, 
ni hacia qué polo yerro sin tu estrella, 
y mi voz sin tu trato se afemina.

Los olores persigo de tu viento 
y la olvidada imagen de tu huella, 
que en ti principia, amor, y en mí termina.


Miguel Hernández



martes, 16 de junio de 2015

Autorretrato




Estoy hecha de mis idas y venidas. 
De llegar a casa y echarte de menos. 
De estar, de no estar, de parecer que estoy. 
De la soledad a las tres de la madrugada. 
De todo lo que me falta. A lo que tanto escribo. A quien nunca menciono. 
Me cuesta invertir en amores. 
Dejar de querer. 
Dejar de creer.

Adoro adorar a quien quiero. Cual Venus de Mi-lo. 

Y canto eso de que de sobra sabes que eres la primera, pero tampoco te flipes.







Y qué si nunca aguanto la mirada a cierta gente a los ojos. Me pone nerviosa. Supongo que tengo miedo de que puedan ver más allá. Como de quitarme el sujetador. No tanto de abrir las piernas y esta bocaza tan grande. Tengo una lupa para mirarme los huecos, pero reconozco mi paciencia de esperar en el coche a quien quiero unas tres horas, unos tres años y unas tres vidas si hace falta. Esperando, tanto esperar para qué. Para creerme los halagos baratos, fáciles, de usar y tirar, hará falta que a parte de con la boca, me hables con los ojos, entenderás que me los regalan. Para creerme eso que dices que me falta... También. Y a la mierda con la autocrítica y todo eso de que venimos a estar solos. Y con un par de cojones. Tengo un ático mental con vistas a un campo de girasoles, donde no faltan vacas con cabeza de gallinas ni una buena canción de Gardel. Me cambia la cara cuando hablo de mi padre. Y cuando metes los dedos hasta el fondo, de la llaga. Tengo en alquiler el cariño de un padre, el dolor de una huérfana en vida, y las contracciones de un parto creativo. Con frecuencia estoy preñada de un arte no siempre fácil de dar a luz. 
Estoy enamorada de la fugacidad. De los primeros momentos. Me rompen las despedidas. La indiferencia. Y sobre todo sentirme sola a las tres de la madrugada.