martes, 28 de marzo de 2017

Palacio del cinematógrafo


Impares. Fila 13. Butaca 3. Te espero como siempre. 
Tú sabes que estoy aquí. Te espero. 
A través de un oscuro bosque de ilusionismo 
llegarás, si traído por el haz nigromántico 
o por el sueño triste de mis ojos 
donde alientas, oh lámpara temblorosa en el cuévano 
profundo de la noche, amor, amor ya mío. 

Ven ahora. Un lago clausurado de altos 
árboles verdes, altos ministriles, que pulsa 
la capilla sagrada de los vientos 
nos llama; o el ciclamen vivo de las praderas 
por donde el loco corazón galopa 
oyendo al histrión que declama las viejas 
palabras, sin creerlas, del amor y los celos: 
«Pagamos un precio muy elevado por aquella felicidad»; 
o bien: «Ahora soy yo quien necesita luz». 
y más tarde: «Tuve miedo de ir demasiado lejos», 
en tanto que el malvís, entre los azafranes 
del tecnicolor, vuela como una gema alada. 

Vendrás. Alguna vez estarás a mi lado 
en la tenue penumbra de la noche ya eterna. 
Sentado en la caliza de astral anfiteatro 
te esperaré. Tal ciego que recobra la luz, 
me buscarás. Tus hijos estarán en su palco 
de congelado yeso, divertidos, mirando 
increíbles proezas de cowboys celestiales, 
y yo, ya sabes dónde: impares, fila 13.

Pablo García Baena



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