lunes, 24 de septiembre de 2012

Ni que tuviera adónde ir

 
"...No te escondas más, que te vas a perder.
Y anda con cuidado si es que te escondiste demasiado la última vez. En mi corazón ya no mando yo.
Te imaginas que te escondes y me canso de buscarte. Te imaginas con el con el mismo pensamiento toda la vida me aburriría.
Pinta, y en la arena pintaré..."

Al cielo le ha dado por joderme.
Es uno de esos días de primavera insultantemente radiante,de aquellos que parecen esforzarse solo para impresionar, de esos a los que quieres partirle la cara.
Y el cielo es de un azul más azul de lo que debería por derecho, de un odioso azul que lo invade todo y que implica que quedarse en casa es un crimen contra la humanidad.
Ni que tuviera adónde ir...




jueves, 20 de septiembre de 2012

Por amor al arte

Quizás nunca vuelva a ver a mi Gioconda sonreír, quizás no sepa hacer algo mejor; pero hoy pinté el grito de Munch en tu cara. Yo también grito, que se lo pregunten a mi Gala, lo hago sólo con las manos. Busco la poesía en mi lienzo. Busco el surrealismo, me invento excusas para perderme bajo la blusa de mi musa. Sólo eso, sólo siento. Por favor, no tocar; material sensible y frágil.

Liricista de colores, puntillistas en las calles, hiperrealismo de mi Eva y sus dolores. En las horas tardías, cuando nadie me vea por estos jardines, será que me habré marchado...contádselo a Machado.

Hoy Gaudí me dijo que borrara límites, que ésta era mi sagrada familia. Me escapé por los bares y Hopper me confesó: la soledad son golpes de luz, nunca abandones.
Por favor, se ruega no fotografiar, no quieran deteriorar. Aquí me hallo, y me pierdo y me rayo...bah, ni caso, ¿qué más puede pasar aquí en Guernica, Picasso? ¿Queréis bombardeos? Yo os hablaré de amor y huidas. ¿Habéis visto por aquí al gordo y la flaca? ...Un tal Diego busca a su Frida.

Da igual, a solas o con ellos, haremos algo grande, Kefrén a mi lado no será tan gigante.
Arte por el arte, por amor al arte, qué mas da si para reyes o putas. El arte sólo podrá conquistarte, llorarás cuando quiera matarte.
Me despido aquí, pero no crean, no es mi última cena. Ni Da Vinci ni Dalí lo saben.
 Observen como un niño, el nacimiento del hombre nuevo...







martes, 18 de septiembre de 2012

Sal con una chica que no lee

 
 


Sal con una chica que no lee.
Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela.


 

Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta.

Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe.


 
 
Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal.
Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de vuestras vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.






Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato.


 


Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo countinuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida.

Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza.

 


No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito... No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. ¡Te odio, de verdad te odio!

Sal con alguien que se gasta todo su dinero en libros y no en ropa, y que tiene problemas de espacio en el armario porque ha comprado demasiados. Invita a salir a una chica que tiene una lista de libros por leer y que desde los doce años ha tenido una tarjeta de suscripción a una biblioteca.
Encuentra una chica que lee. Sabrás que es una ávida lectora porque en su maleta siempre llevará un libro que aún no ha comenzado a leer. Es la que siempre mira amorosamente los estantes de las librerías, la que grita en silencio cuando encuentra el libro que quería. ¿Ves a esa chica un tanto extraña oliendo las páginas de un libro viejo en una librería de segunda mano? Es la lectora. Nunca puede resistirse a oler las páginas de un libro, y más si están amarillas.




Es la chica que está sentada en el café del final de la calle, leyendo mientras espera. Si le echas una mirada a su taza, la crema deslactosada ha adquirido una textura un tanto natosa y flota encima del café porque ella está absorta en la lectura, perdida en el mundo que el autor ha creado. Siéntate a su lado. Es posible que te eche una mirada llena de indignación porque la mayoría de las lectoras odian ser interrumpidas. Pregúntale si le ha gustado el libro que tiene entre las manos.
Invítala a otra taza de café y dile qué opinas de Murakami. Averigua si fue capaz de terminar el primer capítulo de Fellowship y sé consciente de que si te dice que entendió el Ulisesde Joyce lo hace solo para parecer inteligente. Pregúntale si le encanta Alicia o si quisiera ser ella.

Es fácil salir con una chica que lee. Regálale libros en su cumpleaños, de Navidad y en cada aniversario. Dale un regalo de palabras, bien sea en poesía o en una canción. Dale a Neruda, a Pound, a Sexton, a Cummings y hazle saber que entiendes que las palabras son amor. Comprende que ella es consciente de la diferencia entre realidad y ficción pero que de todas maneras va a buscar que su vida se asemeje a su libro favorito. No será culpa tuya si lo hace.
Por lo menos tiene que intentarlo.
Miéntele, si entiende de sintaxis también comprenderá tu necesidad de mentirle. Detrás de las palabras hay otras cosas: motivación, valor, matiz, diálogo; no será el fin del mundo.



 

Fállale. La lectora sabe que el fracaso lleva al clímax y que todo tiene un final, pero también entiende que siempre existe la posibilidad de escribirle una segunda parte a la historia y que se puede volver a empezar una y otra vez y aun así seguir siendo el héroe. También es consciente de que durante la vida habrá que toparse con uno o dos villanos.
¿Por qué tener miedo de lo que no eres? Las chicas que leen saben que las personas maduran, lo mismo que los personajes de un cuento o una novela, excepción hecha de los protagonistas de la saga Crepúsculo.

Si te llegas a encontrar una chica que lee mantenla cerca, y cuando a las dos de la mañana la pilles llorando y abrazando el libro contra su pecho, prepárale una taza de té y consiéntela. Es probable que la pierdas durante un par de horas pero siempre va a regresar a ti. Hablará de los protagonistas del libro como si fueran reales y es que, por un tiempo, siempre lo son.
Le propondrás matrimonio durante un viaje en globo o en medio de un concierto de rock, o quizás formularás la pregunta por absoluta casualidad la próxima vez que se enferme; puede que hasta sea por Skype.
 
Sonreirás con tal fuerza que te preguntarás por qué tu corazón no ha estallado todavía haciendo que la sangre ruede por tu pecho. Escribirás la historia de ustedes, tendrán hijos con nombres extraños y gustos aún más raros. Ella les leerá a tus hijos The Cat in the Hat y Aslan, e incluso puede que lo haga el mismo día. Caminarán juntos los inviernos de la vejez y ella recitará los poemas de Keats en un susurro mientras tú sacudes la nieve de tus botas.
Sal con una chica que lee porque te lo mereces. Te mereces una mujer capaz de darte la vida más colorida que puedas imaginar. Si solo tienes para darle monotonía, horas trilladas y propuestas a medio cocinar, te vendrá mejor estar solo. Pero si quieres el mundo y los mundos que hay más allá, invita a salir a una chica que lee.

...O mejor aún, sal con una chica que escriba.




 

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Amores que matan

 
 
El último encuentro supo a vino caliente.
Quedamos en la esquina de siempre, a la hora exacta. A mi me temblaban las piernas, a ella la lengua. Era un día amarillo...sí, de los que sabes que pondrán fin a una primavera verde. Con la cabeza alta, yo, estúpidamente orgullosa de nada. Con ojos de cordero me vio llegar.

- Aquí tienes...tu tiempo, tu espacio, las mentiras que te dejaste en el cajón de la ropa, las latas de amor en conserva, los taxis nocturnos hasta tu puerta, la llave de tus piernas, las guerras perdidas, el primer amor...llévatelo todo.

Haciendo un gesto débil se acercó a mi cuerpo abrazándome como un niño pequeño. Las lágrimas estaban servidas. ¿No me abrazas? No. No más tangos. No más piernas enredadas en la cama. Déjame. Total...eso era total, ella no quería quererme y yo no quería que quisiera a alguien como yo. Tu pelo despeinado me cuenta que no pasaste tan mala noche. Yo siempre lo hice con más cautela.
En el último encuentro ella apartó la cara y mi beso cayó al suelo rompiéndose en mil pedazos.
En el último encuentro mis abrazos estaban rotos.

...Y después, digno de una buena guerra, llegó la hambruna de amor, la sequía, la peste, la enfermedad, el dolor de muelas, el cigarro de después, el vacío en los ojos, los charcos que no se atrevieron a reflejar el cielo, y una herencia de mil historias para contar con el nudo en la garganta...



"Me estás matando..."
"Me muero cada día un poco más desde que no estás..."
"Nos necesitamos, siempre necesitaré algo de ti y tu de mi..."
"Quién te perdonará tantas mentiras..."
"Lo mejor que me ha pasado..."



lunes, 10 de septiembre de 2012

Atentamente, tu desacierto más acertado

 
Se hace de día en una ciudad que no es la tuya, y la chica que duerme a tu lado nunca sabrá que yo existía. Jamás te hablará de mi en la comida, y eso que a veces, cuando atardece, piensas en la vida que vas a perderte... Luces incandescentes. Sueño que vienes a verme.

¿Cuánto camino llevabas andado pensando lo mismo que yo?
Ni si quiera los días podrías contarlos, habías perdido de vista el reloj.



domingo, 9 de septiembre de 2012

Bonjour tristesse




 
 
...Porque has perdido el vértigo a las alturas. Porque ya no quieres ganar para después perder. Porque antes de que te abran una herida te la abres tú y te echarás sal para lamerte después. Porque todo ha cicatrizado demasiado, amor, ya se ha perdido la sensibilidad.
La piel se te arrugó como un abril lluvioso. ¿Quién traspasará tantas capas de pellejo ahora? ¿Quién? Si ni si quiera tú te atreves. Hasta el jazz paseaba triste por la plaza y el olor a tierra mojada se hizo intenso. Se atrevió la luna a salir una noche más a ver qué se movía por los tejados. Y lo único que vio fue la cara de tontos embobados mirando como ella se marchaba.
Amor, el agua no es nada sin sed. No tienes el valor para pronunciar la palabra. ¿De qué sirve?
Mira las tristes estatuas andantes. Mírate entre ellos para verme.
¿Cómo se puede perder tanto sin tener nada?
He perdido hasta las ganas de llorar.



Adiós tristeza.
Buenos días tristeza.

viernes, 7 de septiembre de 2012

Dejad de quererme

 

-Estoy deseando oír lo que tienes que decir.
-Todo es mentira, te han engañado.
-Tú, tú me engañas.
-¿Una buena razón? ¿Quieres una buena razón? ¿La quieres de verdad? Es muy simple, me aburro aquí. Todo me aburre, mi encantadora esposa, mis adorables retoños, mi hermosa casa y mi lucrativo empleo. Todo es un sueño. Esta vida es una mierda. Míranos, mírate, mírame, aún somos jóvenes y atractivos, pero ¿por cuánto tiempo? ¿me lo puedes decir? Podríamos morir en cualquier momento.
Tú por ejemplo, ¿cuántos buenos momentos? ¿cuántos momentos memorables has vivido desde que naciste? ¿eh? Dime.
-¿Cómo quieres que lo sepa?
-Yo te lo diré. Todos juntos sumarían un año, y siendo generoso. El resto del tiempo has dormido, preparado la comida y limpiado. Has cumplido con tu deber. Pero la vida, la de verdad, con todo su jugo...¿qué es?
-Estás loco...
-El dinero, el confort. ¿Es eso para lo que estamos aquí?
-¿Así pretendes justificar tu revolcón de esta tarde?
-Esa no es la cuestión, no, lo que necesito no es follar...sino sentirme vivo.

......
 
- Yo también paso de ti, de vosotros, como paso de todos los que de pequeños ya tenían la mejor goma, el mejor cuaderno, el mejor gorro de lana. Porque lleváis en los genes la reprochabilidad. Y además me aburrís.
- Deberias dejarlo ya, o acabarás totalmente sólo
- Ya estoy solo,  no tengo ni un amigo sentado a esta mesa, porque no tengo nada que ver con estos cretinos.


jueves, 6 de septiembre de 2012

 
 
 
Sentados en corro merendábamos besos y porros
y las horas pasaban deprisa entre el humo y la risa.
Te morías por volver con la frente marchita...cantaba Gardel.
Y entre citas de Borges, Evita bailaba con Freud.

Ya llovió desde aquel chaparrón hasta hoy...

(hoja arrancada)

Hasta pronto, cuídate.

martes, 4 de septiembre de 2012

Nadie nos vio esta tarde con las manos unidas ...






 
Algo pasará, de eso no cabe duda. Y se sentó a mirar la cara de la Luna. Pisa fuerte y se va haciendo un hueco. No sé definirlo...Ni si llega a tiempo. Solo sé que no se toca y que yo no lo busqué...

Yo no sé qué va a pasar entre nosotros. Si daremos vuelo libre hasta que de tan alto, se nos pierda de vista. Pierdo el pulso y ya no soy más que una parte que resiste aunque tarde...porque sé, que si pasa o no, nada, nada, nada cambiará.

Se paró a pensar, cuidado una sonrisa...Ya no hay marcha atrás, aunque tampoco prisa.

Hay quien es capaz, no lo llames magia. Yo no sé qué es, yo no lo busqué.

Yo no sé qué va a pasar...

sábado, 1 de septiembre de 2012

Yo, aquí y ahora



Sólo necesito un poco de tiempo. Una oportunidad más.
Me he fumado los días, he matado el tiempo, y hasta a mi misma demasiadas noches...
Pero sólo necesito un empujón. El último aliento aún no ha salido de mi boca, caballeros.

He tenido miedo desde que aprendí a hablar. Miedo a todo. A hablar un poco más alto, a la crueldad de los demás, a la incomprensión del ignorante, incluso a crecer...pero sobre todo tuve miedo a ser.
Cierto día me pregunté siendo aún una niña, con temblores en las piernas y vértigo:
"¿Qué es todo lo que se me viene encima? ¿Qué va a pasar ahora?"
Y tuve cojones para todo...hasta para hacerme ver sin alzar la voz.

...Hoy me hago la misma pregunta...

Pero ya las miradas frias no me derriten. Ahora sé un poco más.

Soy yo, soy mi miedo, soy mis nervios, soy mis ganas de comerme el mundo, soy mi imaginación, soy mi transparencia, soy mi vida, soy mis rarezas, soy la niña y la mujer, soy mis ganas de llorar, soy lo que me callo a voces, soy las formas que me pierden, soy mi vocación, soy mis manos, soy mi sonrisa, soy mi pelo rojo, soy mi libertad...soy toda yo.


...Asique dadme un poco de tiempo, que el hueco ya me lo hago yo.