miércoles, 12 de septiembre de 2012

Amores que matan

 
 
El último encuentro supo a vino caliente.
Quedamos en la esquina de siempre, a la hora exacta. A mi me temblaban las piernas, a ella la lengua. Era un día amarillo...sí, de los que sabes que pondrán fin a una primavera verde. Con la cabeza alta, yo, estúpidamente orgullosa de nada. Con ojos de cordero me vio llegar.

- Aquí tienes...tu tiempo, tu espacio, las mentiras que te dejaste en el cajón de la ropa, las latas de amor en conserva, los taxis nocturnos hasta tu puerta, la llave de tus piernas, las guerras perdidas, el primer amor...llévatelo todo.

Haciendo un gesto débil se acercó a mi cuerpo abrazándome como un niño pequeño. Las lágrimas estaban servidas. ¿No me abrazas? No. No más tangos. No más piernas enredadas en la cama. Déjame. Total...eso era total, ella no quería quererme y yo no quería que quisiera a alguien como yo. Tu pelo despeinado me cuenta que no pasaste tan mala noche. Yo siempre lo hice con más cautela.
En el último encuentro ella apartó la cara y mi beso cayó al suelo rompiéndose en mil pedazos.
En el último encuentro mis abrazos estaban rotos.

...Y después, digno de una buena guerra, llegó la hambruna de amor, la sequía, la peste, la enfermedad, el dolor de muelas, el cigarro de después, el vacío en los ojos, los charcos que no se atrevieron a reflejar el cielo, y una herencia de mil historias para contar con el nudo en la garganta...



"Me estás matando..."
"Me muero cada día un poco más desde que no estás..."
"Nos necesitamos, siempre necesitaré algo de ti y tu de mi..."
"Quién te perdonará tantas mentiras..."
"Lo mejor que me ha pasado..."



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