domingo, 14 de octubre de 2012
"Por doquiera que fui..."
La historia del galán Don Juan que todos creen conocer...
Suyas eran las calles cuando a las doce de la noche caminaba cual rey. Las baldosas parecían lamerle los pies al pisar. Caminaba silbando, tranquilo, como si la noche se hiciese eterna para él. Nadie sabía de donde había salido. Ojos negros, cejas apuntando al cielo, una boca que se clavaba en las pupilas de hombres y mujeres, una arrogancia digna de pasear. Ni muertos ni vivos se atrevían a decir que no. Hacía suyas las miradas de toda madame.
Borracheras, conquistas, sexo a deshoras y amores a los pies de su cama... Lo tenía todo. Sabía enamorar con blues y sonrisas de media luna. Era un torero de luces de ciudad que siempre salía por la puerta grande, siempre con el cartel de bienvenida a donde se aparecía. Decía emplear un sólo día para enamorarlas, otro para conseguirlas, otro para abandonarlas, dos para sustituirlas y una hora para olvidarlas. Despreciable truhán que todos los montes de Venus se sabía. No había hueco entre los huesos de mujer que se le escapara.
...Pero lo que nadie sabe es que al llegar las horas tardías la voz se le doblaba. Y no era más que un pobre lleno de huecos por donde se le escapaba la vida. Tan lleno de nada que daba vergüenza...No sabía de querer, se le olvidaba sentir. Y callaron los blues y las sonrisas, y hablaron las coplas tristes. La habitación se adueñaba cada noche de un amarillo triste y abandonado.
"No quiero nada, salid. Salid todos y dejadme sólo. No quiero nada..."
Amargo Don Juan de miel que se moría por amor...
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