lunes, 26 de noviembre de 2012

Soliloquio de domingo



Querido moi, quiero hablarte de la falta de arte.
Que me pierdo y no hago por encontrarme, o encontrarte,
que he perdido los mapas que me llevaban a casa y eras tú quien debía llevarme. 
Tengo un par de llaves, pero no encuentro la puerta. 
Ven y enciende la luz, que no me veo.
Quiero decirte que he de ir a buscarte, cueste lo que cueste,
porque aún sigo sin ser del todo yo...y sigues sin ser sin mi.

Discuto con medio mundo por defender algo que existe,
Porque existe, y yo lo veo, y lo siento, y lo puedo tocar hasta con la punta de los dedos.
Como los católicos y su dios...Ma vie c'est une vie suprême.
No me conformo con una buena vida si los días no me arden.
¿Quién va a recoger tantos días como tiro a la basura?
Que sí, que aún podemos arder.
Que tú también lo sabes.
Te puedo oler a kilómetros.
Pero has desaparecido del espejo.
Sé que aún existes...
¿Porqué has desaparecido del espejo?
Querido moi...nos volveremos a encontrar.
Tú encuéntrame, yo me ocuparé de buscarte.


domingo, 25 de noviembre de 2012


 

sábado, 17 de noviembre de 2012

Humanamente sólo

 
 
Porque todo es igual y tú lo sabes,
has llegado a tu casa y has cerrado la puerta
con aquel mismo gesto con que se tira un día,
con que se quita la hoja atrasada al calendario
cuando todo es igual y tú lo sabes.


Has llegado a tu casa,
y, al entrar,
has sentido la extrañeza de tus pasos
que estaban ya sonando en el pasillo antes de que llegaras,
y encendiste la luz, para volver a comprobar
que todas las cosas están exactamente colocadas, como estarán dentro de un año,
y después,
te has bañado, respetuosa y tristemente, lo mismo que un suicida,
y has mirado tus libros como miran los árboles sus hojas,
y te has sentido solo,
humanamente solo,
definitivamente solo porque todo es igual y tú lo sabes.



miércoles, 14 de noviembre de 2012

Muertes efímeras

 
No sabrá nadie lo que pasó anoche.
 
Las luces del coche palpitaban, se dilataban y se contraían entre las montañas de la noche. Yo me sentí morir. Ahora me dejen tranquilo, ahora se acostumbren sin mí...La noche se hace eterna hoy. Pisas el acelerador y a ciento veinte kilómetros por hora pierdes la noción del tiempo y lugar. Yo voy a cerrar los ojos ahora. Este sentimiento de morir sin sangre me está matando. En la radio suena Nancy Sinatra y su Bang bang...El cielo sobre mi se va tiñiendo de un azul frío e impasible con claros que intentan abrirse. Ahora me recuerdo como Stan, bajo la lluvia, desenfrenado y sin saber a dónde voy. El amor sin fin. ¿Recordarás alguna vez ese diciembre?  El otoño, cargado de hojas y recuerdos que van a parar resignados al suelo. El grave invierno, la lluvia que amé. Correr por la ciudad con los huesos calados de agua y la sonrisa pintada a brochazos. El verano que nunca tuvimos. Aquí dejo mi carta para quien la quiera. Las luces siguen alumbrando la carretera. La quinta cosa es que cuando llegue el día que los ojos se me emborronen y mi cuerpo inerte decore esta autovía, me recuerdes tú. Cambiaría todas mis primaveras por dejar de soñarte. Pero no creas que aquí pongo mi bandera blanca, el amor me guiña un ojo. Y yo ya no sé a quién escribo.
 He vivido tanto que un día tendrán que olvidarme por fuerza. Pero mientras tanto me quedaré aqui, escondiendo versos de Neruda entre los míos. Porque soy, y sigo. Nunca en esta vida volveré a conocerte. Algún dia bajaré sólo para reencontrarme contigo. Y entre café y heroína haremos nacer de lo muerto lo vivo. De la tierra oscura nacerán flores nuevas, trigo y cereales; porque dentro de mí soy oscura, pero soy tierra. Déjenme solo con el día.
El cielo sigue teñido de un azul frío, la radio suena, voy desbocada hacia algún lugar y me he salido de la línea que dibuja la carretera.
Como siempre...

 
 

domingo, 11 de noviembre de 2012

Socorro pido

La primavera miente y el verano
cruza como un tachón por los cuadernos;
la noche se hará tarde, tan temprano,
que enfermarán de otoño los inviernos.


Cuando se desprometen las promesas,
la infame soledad es un partido
mejor que la peor de las sorpresas.


Si me pides perdón socorro pido,
si te sobra un orgasmo...


viernes, 2 de noviembre de 2012

Durmiendo en tu ombligo

 
No llovía, o eso creo. Tampoco es que estuviese atenta al tiempo de ahi fuera. Me importaba una mierda que cayeran chaparrones; no hubiera apartado los ojos de su boca.
Nos dejamos olvidada la vergüenza en el culo de la primera cerveza. El frío acampaba a sus aires por aquella plaza pintada de naranja. Mientras la botella se vaciaba empezó a sobrar la gente de alrededor. A la segunda cerveza le intuí las sonrisas bajo la ropa. Cambió un sería por será y el cielo se abrió en plena noche. Hacen falta cojones para estar tan loca... A la tercera cerveza nos dio por reírnos de lo perra que es la vida. Una calada al cigarro y derrapé en las marcas de su gesto frágil. Mi envidia se hacía de humo. Después sólo recuerdo que empecé a perder...
Perdí la cuenta de las cervezas y con ellas, la razón, si es que algún día la tuve. Perdí el sentimiento de perder. A los pies de la cama se quedó la ropa y el sentido común. Antes que la ropa me quité esta piel de bicho raro que siempre me acompaña y me pica...
¿Qué hay de errática? ¿Dónde ha quedado toda mi desvergüenza de donjuan y los tacones de cabaret? ...Me llamó cera y me derretí. 
Y lo peor no fue la borrachera de besos, la resaca de querer sin querer y de sonrisas.
Lo peor fue que rompió las maldiciones del día después. Que me quedaron fuerzas para dibujarle las curvas con mis dedos bajo las sábanas, y ganas de seguir perdiendo lo poco que me había quedado.

Lo peor es que ni una tormenta me hubiese despertado de esa siesta en su ombligo...