Muertes efímeras
No sabrá nadie lo que pasó anoche.
Las luces del coche palpitaban, se dilataban y se contraían entre las montañas de la noche. Yo me sentí morir. Ahora me dejen tranquilo, ahora se acostumbren sin
mí...La noche se hace eterna hoy. Pisas el acelerador y a ciento veinte kilómetros por hora pierdes la noción del tiempo y lugar. Yo voy a cerrar los ojos ahora. Este sentimiento de morir sin sangre me está matando. En la radio suena Nancy Sinatra y su Bang bang...El cielo sobre mi se va tiñiendo de un azul frío e impasible con claros que intentan abrirse. Ahora me recuerdo como Stan, bajo la lluvia, desenfrenado y sin saber a dónde voy. El amor sin fin. ¿Recordarás alguna vez ese diciembre? El otoño, cargado de hojas y recuerdos que van a parar resignados al suelo. El grave invierno, la lluvia que amé. Correr por la ciudad con los huesos calados de agua y la sonrisa pintada a brochazos. El verano que nunca tuvimos. Aquí dejo mi carta para quien la quiera. Las luces siguen alumbrando la carretera. La quinta cosa es que cuando llegue el día que los ojos se me emborronen y mi cuerpo inerte decore esta autovía, me recuerdes tú. Cambiaría todas mis primaveras por dejar de soñarte. Pero no creas que aquí pongo mi bandera blanca, el amor me guiña un ojo. Y yo ya no sé a quién escribo.
He vivido tanto que un día tendrán que
olvidarme por fuerza. Pero mientras tanto me quedaré aqui, escondiendo versos de Neruda entre los míos. Porque soy, y sigo. Nunca en esta vida volveré a conocerte. Algún dia bajaré sólo para reencontrarme contigo. Y entre café y heroína haremos nacer de lo muerto lo vivo. De la tierra oscura nacerán flores nuevas, trigo y cereales; porque dentro de mí soy oscura, pero soy tierra. Déjenme solo con el día.
El cielo sigue teñido de un azul frío, la radio suena, voy desbocada hacia algún lugar y me he salido de la línea que dibuja la carretera.
Como siempre...
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