sábado, 1 de junio de 2013

El misterioso ciclo de tu pestañeo


Ciento veinte días después con demasiadas horas perdidas, parece mucho tiempo hablando de un fin que no llega. Todavía no hemos aprendido a domesticarnos, aunque sí a guardarnos las maneras y a besarnos sin permiso. Han escalado mi castillo todo tipo de seres raros, ofreciéndome cajas de bombones y viajes hacia la luna, y de entre todos ellos decidí tocar el cielo contigo.


Ahora, sin querer, hemos aprendido a querernos como es debido. Aún seguimos haciendo largas las noches hasta que amanece, como si fuera la primera vez, como dos adolescentes buscando portales con el calentón, como el sexo con amor de los casados. Y sigue sorprendiéndome que sepas hablar francés y tus enfados con el mundo cuando el día amanece. 

Te observaba despertar desde el otro lado de la cama, y...ruborizada, me ha llevado a escribir pensando en todos los libros de historia del arte que no hablaban de tu manera de estirarte sobre las sábanas y la forma en que se dibujan tus pezones bajo la camiseta.

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