Camino hacia el lugar donde se hizo la hoguera, mis pasos van quebrando las ramas que pisan y puedo oírlo. A medida que avanzo unos pasos, como un déjà vu desastroso, me vienen imágenes a la cabeza, momentos retratados que me hacen recordar algo que aún no conozco. De repente veo cicatrices ensangrentadas, ojos abiertos, un puñetazo a la puerta, una boca maquinaria de mentiras, de repente la veo tirada en el suelo, de repente...de repente a mi se me hace tarde para todo.
El cielo abre paso a una tormenta a través de nubes grises y un azul eléctrico, nadie conoce a Caín que camina tranquilo por las calles, y todas resultan ser Abel. Lapidadas por unas manos de cristal, manos de niño.
Y es que el asesino sabe más de amor que el poeta...

Vuelvo a ti porque el asesino siempre vuelve al lugar del crimen.
Eres arte. Y sólo espero que no dejes de regalarnos una parte de él en cada uno de tus pasos.
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