martes, 29 de octubre de 2013

Poema 10


A veces como una moneda
se encendía un pedazo de sol entre mis manos.
Yo te recordaba con el alma apretada 
de esa tristeza que tú me conoces...

jueves, 24 de octubre de 2013

Y a la mierda París

Y ahí estábamos un día más. Sonrisa y juventud, y nada en los bolsillos, como dice la canción. Como uno de esos domingos que se hacen eternos, sumergida en el más blanco de los sueños. Y digo blanco, porque no era tan terrible como un gris, ni tan angustioso como un negro. Era blanco, como uno de esos días en los que te pasas media vida durmiendo sin darte cuenta. En los que la gente sale a la calle, ríe, llora, se enamora y compra latas de atún. Pero tú, sin embargo, comes techo.

Hace dos días, estaban todos planchándome un destino que no me iba a poner. Me parecen horrorosas las líneas rectas y las caras a juego con la corbata. Y hace tres, estaba peleándome con medio mundo defendiendo con coraje una gran causa. ¡MI GRAN CAUSA!... 


...¿Qué es lo que defiendo? ...


Y por seguir comparando, puedo compararlo con una de esas resacas de las que te dejan vacío, sin saber muy bien qué hiciste anoche y qué harás con tu vida mañana...Sólo esperas un ibuprofeno, y un héroe que venga a salvarte la vida, o el corazón. También podría hablar de un catarro y de mis sentidos en silla de ruedas. Una nariz sin olores, unos ojos somnolientos, las manos dormidas, los pensamientos ralentizados y alguna excusa barata que me pongo de semana en semana para no coger un pincel...A la mierda París.

«Si lo veo todo en grises, en gris todos los colores que siento y que quiero expresar ¿por qué he de emplear otros colores?»

martes, 15 de octubre de 2013

Tan Juana y tan don Juan


Y lo peor no fue sentir que me hacía pedazos, ni tan si quiera me importó que te marcharas.

Lo peor fue volver a encalar la fachada, el aire frío por la ventana, los azules, morados, y naranjas que chirriban en mi cabeza, las habitaciones grises con espacios pálidos recordando que antes había un cuadro. Sacudir el polvo del alma, recoger del suelo lo que otros no quisieron de mi, rogarle al calendario un tratado de paz. Lo peor fue sacarle brillo al corazón, convencerle para que volviera a creer, y hablarle de esa señora roja que tan pronto se viste de Suerte como la confunden con Soledad. 
Lo peor fue cantarle nanas a mi niña a la hora de dormir, decirle que no creciera, que todavía era pronto para envejecer. Consolarla en los días que despertaba empapada en recuerdos y pesadillas, y ponerle un sueño por cada azulejo. Duerme, duerme...

Lo vergonzoso fue el silencio de después, los tanatorios y las viudas, los ojos del espejo mirándome cansados.