A veces como una moneda
se encendía un pedazo de sol entre mis manos.
Yo te recordaba con el alma apretada
de esa tristeza que tú me conoces...
Y ahí estábamos un día más. Sonrisa y juventud, y nada en los bolsillos, como dice la canción. Como uno de esos domingos que se hacen eternos, sumergida en el más blanco de los sueños. Y digo blanco, porque no era tan terrible como un gris, ni tan angustioso como un negro. Era blanco, como uno de esos días en los que te pasas media vida durmiendo sin darte cuenta. En los que la gente sale a la calle, ríe, llora, se enamora y compra latas de atún. Pero tú, sin embargo, comes techo.«Si lo veo todo en grises, en gris todos los colores que siento y que quiero expresar ¿por qué he de emplear otros colores?»