jueves, 24 de octubre de 2013

Y a la mierda París

Y ahí estábamos un día más. Sonrisa y juventud, y nada en los bolsillos, como dice la canción. Como uno de esos domingos que se hacen eternos, sumergida en el más blanco de los sueños. Y digo blanco, porque no era tan terrible como un gris, ni tan angustioso como un negro. Era blanco, como uno de esos días en los que te pasas media vida durmiendo sin darte cuenta. En los que la gente sale a la calle, ríe, llora, se enamora y compra latas de atún. Pero tú, sin embargo, comes techo.

Hace dos días, estaban todos planchándome un destino que no me iba a poner. Me parecen horrorosas las líneas rectas y las caras a juego con la corbata. Y hace tres, estaba peleándome con medio mundo defendiendo con coraje una gran causa. ¡MI GRAN CAUSA!... 


...¿Qué es lo que defiendo? ...


Y por seguir comparando, puedo compararlo con una de esas resacas de las que te dejan vacío, sin saber muy bien qué hiciste anoche y qué harás con tu vida mañana...Sólo esperas un ibuprofeno, y un héroe que venga a salvarte la vida, o el corazón. También podría hablar de un catarro y de mis sentidos en silla de ruedas. Una nariz sin olores, unos ojos somnolientos, las manos dormidas, los pensamientos ralentizados y alguna excusa barata que me pongo de semana en semana para no coger un pincel...A la mierda París.

«Si lo veo todo en grises, en gris todos los colores que siento y que quiero expresar ¿por qué he de emplear otros colores?»

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