martes, 10 de marzo de 2015

Ayer

Así es la vida. 
Supongo que le importaba un carajo mis planes escritos en servilletas. 
Tres siglos tardaba yo en elaborar el más pequeño gran detalle. Hacía minuciosamente relojes de bolsillo con piezas minúsculas, adoptaba una postura seria, me ponía las gafas para verte de cerca, inventaba relojes que no se cansaran de esperar, tenía la esperanza de que funcionara, así que cambié los viejos engranajes por corazones de mosca. 

Esta vez tenía que ser.

Tres siglos tardaba yo en elaborar un trozo de mi vida, 
tres segundos era lo que a ella le bastaba para soplar y romperlo todo, 
obligándome así a empezar de nuevo. Una y otra vez. 

Aprendí un día, que ante los ojos de ciertas mujeres, los templos de mármol blanco no son más que papel con el que liarse un cigarro.



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