domingo, 1 de marzo de 2015

Matices del verte

El después de del después de alguien.
Pero qué vacíos nos quedamos.
Cuesta diferenciarnos del jarrón de estampados étnicos que preside la mesa.
Nos parecemos a todo lo que no conoce sangre ni corazón.
La insoportable levedad de estar, sin ser.
Los niños sin gracia, el vaso medio vacío, las canciones tristes de Sabina.
Autoretratos en escala de grises.
Nos convertimos en ciudades saqueadas.
Fumamos, bebemos para recordar, besamos a cualquiera que se le parezca por un rato.
Después, solo queda una mano mojada de nostalgia.


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Pero antes de eso, los lunes son un baile en la cocina.
Antes siempre es vísperas de todo.
Los niños entonces tienen gracia.
Y yo en ti castillos, ríos y hasta una vidriera de colores por la que me asomo y me dejas ver que me quieres. Y yo también te quiero.
Fumando, bebiendo, beso a todas las mujeres que no dejan de ser la misma: una. Grande y libre.
He ahí la suerte de ser. De ser ciudad en fiesta. O lo que te dé la gana de ser.
Inventamos nuevos antónimos a la apatía, a la inapetencia y al tedio.
Descubro todos los matices del verde de unos ojos, verde oliva, verde agua, verde café, verde, cielo.
Es la felicidad golpeando los cristales de la ventana.





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