miércoles, 17 de junio de 2015

Todo está lleno de ti, 
y todo de mí está lleno: 
llenas están las ciudades, 
igual que los cementerios 
de ti, por todas las casas, 
de mí, por todos los cuerpos.

Por las calles voy dejando 
algo que voy recogiendo: 
pedazos de vida mía 
venidos desde muy lejos.

Voy alado a la agonía, 
arrastrándome me veo 
en el umbral, en el fondo 
latente del nacimiento.

Todo está lleno de mí: 
de algo que es tuyo y recuerdo 
perdido, pero encontrado 
alguna vez, algún tiempo.

Tiempo que se queda atrás 
decididamente negro, 
indeleblemente rojo, 
dorado sobre tu cuerpo.

Todo está lleno de ti, 
traspasado de tu pelo: 
de algo que no he conseguido 
y que busco entre tus huesos.



II

Mis ojos, sin tus ojos, no son ojos, 
que son dos hormigueros solitarios, 
y son mis manos sin las tuyas varios 
intratables espinos a manojos..

No me encuentro los labios sin tus rojos, 
que me llenan de dulces campanarios, 
sin ti mis pensamientos son calvarios 
criando nardos y agostando hinojos.

No sé qué es de mi oreja sin tu acento, 
ni hacia qué polo yerro sin tu estrella, 
y mi voz sin tu trato se afemina.

Los olores persigo de tu viento 
y la olvidada imagen de tu huella, 
que en ti principia, amor, y en mí termina.


Miguel Hernández



1 comentario:

  1. Como cuando se te rompe
    una cuerda de la garganta,
    El sonido deja su nitidez
    y le falta algo.

    Así me siento cuando parto
    me marcho y te dejo ahí
    ahí sin mi
    aquí sin ti.

    Las nubes se tornan
    grises
    sin
    ti.

    Sin mi
    volviendo en un bus
    sin nombre
    ni llegada
    porque sin ti
    no llego a ninguna parte.

    Sin ti
    cuerdas rotas.

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