Pero ésta vez, si puedes, quédate. De verdad. Intenta no irte después de cada beso. Que no todo lo que saboreemos sea despedida. Arranquemos el flujo de la ruidosa marcha atrás que cada vez que te vas, vuelve. No es tan difícil. Solo se trata de olvidar el puto móvil ahogado en un charco. De que quiero que no recuerdes que vives en otro sitio que no sea conmigo, y todo lo demás, te suene a chino
todo eso antes de que mi estómago vuelva a cantar por bulerías
cuando de hambre de ti se muera
quédate,
que solo
bastan
t r e s
segundos
para
que
el pecho
se llene de alegría
cuando te veo llegar.
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