No eres tú,
soy yo,
y estos pies de plomo
que me hacen dar dos pasos adelante,
y tres tambalear.
No eres tú,
son las agujas del reloj
que se me enredan con el pelo
y juegan conmigo al despiste.
No eres tú,
soy yo,
la cobarde que no es capaz de cruzar
si no es por el paso de cebra,
la que mira tres veces
antes de cruzar,
y pregunta cincuenta,
si se puede entrar.
No eres tú,
soy dos,
la puta en la calle
y la señora en la cama.
Esa que cree
que el antónimo
a las pastillas de dormir
es el amor.
La misma cansada de usar pintalabios rojo
y corrector para ojeras.
Recuerdo el placer
de dormir crucificada en tus piernas.
Yo, que me he quitado de ti,
y todavía hoy
sigo con ganas de fumar.
Yo, con el corazón alicatado
por si acaso
se te ocurre
sonreír.
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jueves, 23 de junio de 2016
Palos de ciego
Se están asfaltando los baches que van de tu casa a la mía.
Y de sobra sé que tu risa cava más túneles
que toda la tristeza que soy capaz de inventar.
Pero
a ver cómo te digo
que no puedo alegrarme.
Que no me sirve de nada bucear entre tus piernas
ni estar a la altura de tus caderas,
si cuando vuelvo a casa la boca me sabe a tierra
de nadie.
No me hagas caso de lo que digo.
No tengas el atrevimiento de darme el gusto.
No tengas la osadía
de reconocer
que me echas de menos,
que cada boca de las botellas
te recuerda a mi.
Mucho menos vengas a contarme
los besos que le caben a otra
en la boca.
No soporto la verdad
y me ahoga la mentira.
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Y de sobra sé que tu risa cava más túneles
que toda la tristeza que soy capaz de inventar.
Pero
a ver cómo te digo
que no puedo alegrarme.
Que no me sirve de nada bucear entre tus piernas
ni estar a la altura de tus caderas,
si cuando vuelvo a casa la boca me sabe a tierra
de nadie.
No me hagas caso de lo que digo.
No tengas el atrevimiento de darme el gusto.
No tengas la osadía
de reconocer
que me echas de menos,
que cada boca de las botellas
te recuerda a mi.
Mucho menos vengas a contarme
los besos que le caben a otra
en la boca.
No soporto la verdad
y me ahoga la mentira.
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borradores /14
(...)
Y ahora me voy para volver a conocerte en ese bar donde nunca te conocí.
Me voy porque no soporto las hipotecas y me resulta insoportable comer tres veces al día sin tener hambre. No quiero saber de vecinas con mandil, ni que me quites el cigarro de la boca solo porque fumar mata. Tampoco necesito que me acorches las esquinas para evitarme daños, ni que ordenes un desván que yo misma me encargo de desordenar. Me voy porque no quiero sentir que me muero y no es de ganas, ni tampoco matarte del aburrimiento cuando te mire y sienta que no sienta nada. Me voy para empezar de nuevo, antes de que la rutina carcoma mis manos y no sepa coger ni un lápiz. Después de tantas primeras veces contigo, yo, que siempre me canso a la segunda, odiaría llenarte la cama de desganas, reproches y rutinas.
Por ti no te preocupes, no te faltarán besos ni bocas que recordarte lo guapa que estás al reír.
Pd: No te acerques a quien odie esa manía tuya de salir corriendo de las jaulas.
Y ahora me voy para volver a conocerte en ese bar donde nunca te conocí.
Me voy porque no soporto las hipotecas y me resulta insoportable comer tres veces al día sin tener hambre. No quiero saber de vecinas con mandil, ni que me quites el cigarro de la boca solo porque fumar mata. Tampoco necesito que me acorches las esquinas para evitarme daños, ni que ordenes un desván que yo misma me encargo de desordenar. Me voy porque no quiero sentir que me muero y no es de ganas, ni tampoco matarte del aburrimiento cuando te mire y sienta que no sienta nada. Me voy para empezar de nuevo, antes de que la rutina carcoma mis manos y no sepa coger ni un lápiz. Después de tantas primeras veces contigo, yo, que siempre me canso a la segunda, odiaría llenarte la cama de desganas, reproches y rutinas.
Por ti no te preocupes, no te faltarán besos ni bocas que recordarte lo guapa que estás al reír.
Pd: No te acerques a quien odie esa manía tuya de salir corriendo de las jaulas.
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