jueves, 23 de junio de 2016

La ojera de Van Gogh

No eres tú,
soy yo,
y estos pies de plomo
que me hacen dar dos pasos adelante,
y tres tambalear.

No eres tú,
son las agujas del reloj
que se me enredan con el pelo
y juegan conmigo al despiste.

No eres tú,
soy yo,
la cobarde que no es capaz de cruzar
si no es por el paso de cebra,
la que mira tres veces
antes de cruzar,
y pregunta cincuenta,
si se puede entrar.

No eres tú,
soy dos,
la puta en la calle
y la señora en la cama.

Esa que cree
que el antónimo
a las pastillas de dormir
es el amor.
La misma cansada de usar pintalabios rojo
y corrector para ojeras.

Recuerdo el placer
de dormir crucificada en tus piernas.
Yo, que me he quitado de ti,
y todavía hoy
sigo con ganas de fumar.
Yo, con el corazón alicatado
por si acaso
se te ocurre
sonreír.


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