Se están asfaltando los baches que van de tu casa a la mía.
Y de sobra sé que tu risa cava más túneles
que toda la tristeza que soy capaz de inventar.
Pero
a ver cómo te digo
que no puedo alegrarme.
Que no me sirve de nada bucear entre tus piernas
ni estar a la altura de tus caderas,
si cuando vuelvo a casa la boca me sabe a tierra
de nadie.
No me hagas caso de lo que digo.
No tengas el atrevimiento de darme el gusto.
No tengas la osadía
de reconocer
que me echas de menos,
que cada boca de las botellas
te recuerda a mi.
Mucho menos vengas a contarme
los besos que le caben a otra
en la boca.
No soporto la verdad
y me ahoga la mentira.
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