Me llamo Sandra, estoy paseando por las calles de Nápoles. Ayer estaba llorando. Hoy paseo inmiscuida en los callejones mientras como helado y miro escaparates. Soy un poco así, un día me quiero morir y al siguiente entretenida mirando una mosca. Lo bueno de todo esto es que lloro por la añoranza del hogar. Nápoles es un sitio precioso. Un tanto parecido a Palermo. Los edificios muestran las costillas de los ladrillos, algunos parece que en cualquier momento se van a caer. La naturaleza terca se deja nacer entre las calles sin control alguno. Cada tres segundos te invade la sensación de que morirás atropellado. Y las calles recogen tantas historias de iglesias y bastardos. Ya no pienso en ti. Soy una niña con zapatos nuevos estrenando una alegría que parece nueva. He podido sanar la rabia y la autodestrucción, ya no me importan los vértigos a otras mujeres, ahora quiero dormir con todas. Cualquier atisbo de ganas lo celebro, y que no se te parezcan en nada lo recibo como regalo. Me contemplo como estas ciudades, a veces inmensa y semiderruida. Mostrando las costillas y las flores. Es una ciudad fuerte, donde el paso del tiempo nunca amenaza. El acto de volver a empezar es el mayor acto de heroicidad.
domingo, 18 de abril de 2021
Espero que el viaje merezca la pena
Hago todas las comidas al día. Me ducho lo suficiente. Estoy conociendo a gente increíble. Somos desconocidos que se cuentan historias y prentenden arreglar el mundo desde alguna plaza de Palermo. Cada día descubro lugares increíbles que solo conocía de libros de historia del arte. Paseo, pruebo nuevas comidas, bebo más de lo que te gustaría, fumo más de lo que debería, corremos de la policía. Mientras el mundo parece romperse por un viurs, aquí dentro me voy reconociendo a medida que pasan los días, me gusta verme en nuevas circunstancias. Estoy disfrutando tantísimo. Conozco nuevos parques, plazas, iglesias, mercados, puertos. Pero te echo tanto, tanto de menos. Ojalá pudiera pasear contigo. Oler tus cremas de antes de dormir, darte un beso y quedarme con el sabor de ellas. Despertarme y oír tu voz por la casa sería el mejor regalo. Me pregunto si el viaje merecerá la pena. Porque gano mucho estando aquí, pero el precio a pagar es echarte tanto en falta y tenerte lejos.
Febrero
Odio el ser en el que me he convertido por tu culpa. Ya no logro recordar cómo era la mujer de antes de ti, si confiaba, si apostaba o no. Ahora soy un ser que pretende ser inerte, ofendida cada vez que alguien se toma la confianza de curarme la herida. No quiero nada de nadie, posiblemente porque te veo en cada mujer a la que beso. Estoy enfadada contigo, conmigo y con el tiempo. Sólo quiero que pase el tiempo rapidamente, volver a sentir que tengo un corazón y no estopa en el pecho. No me importa que te quedes o te vayas, porque para ti ya solo tengo indiferencia, y como hoy, los últimos latigazos de una rabia que tiene los días contados. Ahora soy como una niña que se arrepintió de haber empezado este juego, que solo intenta poner las cartas en el mismo lugar esperando que todo retome su lugar y que el truco desaparezca. Pero el juego ya no es el mismo, y yo tampoco lo soy.
Enero
Está bien, me rindo. Dejo de forzar lo que no me sale. Llevo días deseosa de bailar con alguna mujer que lleve mi ritmo, que no me pise. Y creo que la única que puede hacerme feliz en ese lugar soy yo. Un baile conmigo misma, donde me diga, ten calma, todo llega. De lejos adivino las parejas en los parques, puedo imaginar el calor en sus pantalones, puedo empujar a una chica contra la pared, besarla, puedo decirle guarradas, saber que desearían lamerme, puedo darles lo mejor de mi, escribirle una poesía, serle honesta, puedo enseñarle mis zonas de vulnerabilidad, avisarles de que a veces quiero irme, puedo fingir la pasión, decirla en palabras, hacerla con mis manos, pero no puedo sentirla. Es como si tuviera el pecho mutilado. No puedo sentir nada. Nadie entra en mi privacidad, a nadie le concedo el permiso que pueda, tan siquiera, escocerme. Soy una mujer desvastada por la tormenta que ahora solo intenta reconstruirse.