domingo, 18 de abril de 2021

Abril en Nápoles

Me llamo Sandra, estoy paseando por las calles de Nápoles. Ayer estaba llorando. Hoy paseo inmiscuida en los callejones mientras como helado y miro escaparates. Soy un poco así, un día me quiero morir y al siguiente entretenida mirando una mosca. Lo bueno de todo esto es que lloro por la añoranza del hogar. Nápoles es un sitio precioso. Un tanto parecido a Palermo. Los edificios muestran las costillas de los ladrillos, algunos parece que en cualquier momento se van a caer. La naturaleza terca se deja nacer entre las calles sin control alguno. Cada tres segundos te invade la sensación de que morirás atropellado. Y las calles recogen tantas historias de iglesias y bastardos. Ya no pienso en ti. Soy una niña con zapatos nuevos estrenando una alegría que parece nueva. He podido sanar la rabia y la autodestrucción, ya no me importan los vértigos a otras mujeres, ahora quiero dormir con todas. Cualquier atisbo de ganas lo celebro, y que no se te parezcan en nada lo recibo como regalo. Me contemplo como estas ciudades, a veces inmensa y semiderruida. Mostrando las costillas y las flores. Es una ciudad fuerte, donde el paso del tiempo nunca amenaza. El acto de volver a empezar es el mayor acto de heroicidad. 

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