Su cuerpo se expandió entonces en la penumbra, y luego se encogió sobre mi, amparándome.
-Yo me ocuparé de ti. Yo te daré todo lo que necesites.
-¿Quieres ser mi musa?
-No. Tu musa no. Que estupidez...Quiero ser la esclava de tu genio. Yo ordenaré tus tubos, limpiaré tus pinceles, cogeré tu teléfono, prepararé tu comida, barreré tu estudio, impediré que nadie haga ruido a tu lado, seré tu guardiana, tu cocinera, tu criada, tu secretaria, tu chófer, tu madre, tu amante... Y tu me lamerás cuando quieras descansar, como un perro. Tu serás el perro de mi cuerpo. Yo seré la perra de tu pintura.
...Poseer una esclava es horrible. A poco que hayas leído a los ilustrados, poseer una esclava te obliga a sentirte culpable de su esclavitud y a empeñarte en que sea libre. Yo te concedo la libertad, amiga liberta, no me atosigues más, no te empeñes más en desenredar mi pelo y en apartar las moscas de mi lado y en llenar de flores mi habitación, quiero estar despeinado y oír el zumbido de las moscas en mi oído y disfrutar de un cuarto desnudo, quiero no tener que seguir sabiendo lo mucho que te debo, lo mucho que me amas, todo lo que haces por mi. Lárgate, te lo suplico...
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