Empezar las cartas al revés quizás sea mas fácil para terminar antes. Quería invocarte desde cualquier diario o llamarada de humo. Contarte que después de besar el cielo he tragado mucha tierra, quizás por jugarme la boca en cualquier fulana. Que hay días que el mundo se me queda pequeño y los días se me van en suspiros y mil ideas revueltas en una cabeza llena de pájaros. Y eso que a veces, en algún momento de lucidez, he traspasado los limites que nos pusimos. La ropa interior de muñecas no dejan de ser eso, trapos, cuando tú en mis cajones sólo dejabas sentimientos desnudos sin más. Qué será de ti y tu camino paralelo, tus puntos de fuga y tu desquiciante vida. Cuánto habrás ganado desde que me perdiste. Inevitablemente estás. Estás cuando se cierran los ojos, se intuyen las bocas y los corazones estallan de una forma extraordinaria. Estás cuando sólo se atreven a romper el silencio dos voces agitadas como un niño. Estás en la forma más especial, también en mis retratos de amor y de tragedia. Estás en ninguna boca, menos en la mía. He despegado en miles de avenidas de pegamento desde entonces. Cada vez más vieja y desgastada. Cuánto nos habremos echado de menos desde entonces.
Aún las calles no se atreven a hablar de ti, ni las gentes me hablan ni yo les cuento.
Tu niña se perdió en el tiempo, y la mía con ella.
"Cuanto te habrá dolido acostumbrarte a mí, a mi alma sola y salvaje, a mi nombre que todos ahuyentan. Hemos visto arder tantas veces el lucero besándonos los ojos y sobre nuestras cabezas destorcerse los crepúsculos en abanicos girantes. Ah déjame recordarte cómo eras entonces, cuando aún no existías."

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