martes, 19 de febrero de 2013
Sentir
Un cuerpo cansado de llover. Unos pies indecisos. Unas piernas que descansan. Un cuerpo que se seca. Unos ojos que miran sin ver cuando antes veían sin mirar. Unas manos que tocan a tientas con la luz apagada, que no arden porque no recuerdan el fuego. Unos ojos que veían más allá hoy no saben ver más que realidad. Una boca que grita en silencio, que ríe cuando toca llorar y se calla por no romper cimientos de una casa vacía. Una nariz que olía las calles y su primavera, hoy el invierno la congestiona. Unas manos que pintaron lunares y lunas se van al cielo esperando una respuesta de por qué hoy no pintan nada. Una cabeza eternamente exquisita, eternamente trágica, que se rompe, y rompe a reír y a llorar con la sinceridad de un niño y la picaresca de un hombre, una cabeza que hoy se entierra bajo las sábanas.
Y el corazón revienta cada tarde, intentando tirar de todos, intentando recordar cómo funcionaba cada cosa mucho antes. Va sintiendo los latidos por cada esquina.
Que me devuelvan todos mis sentidos para ver las noches como las veía antes, que era yo quien hacía de día las noches y atardecía cuando quería, que no sé vivir sin ser nada más que un cuerpo. Que me dejen tocar lo intocable. Saborear flores, sonrisas y primaveras. Que pueda tocar todo aquello que a la vista me alcanza y enamorarme cada día de un aire que se expande y me reparte por la ciudad, que necesito dormir cada noche con la cabeza y el alma llena. Volver a sentir un suelo frío en mis pies desnudos...
Desnuda como una niña, inocentemente desnuda, que me devuelvan mis sentidos.
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