sábado, 27 de abril de 2013

Cartas al Círculo Polar III


Esto no es una declaración de amor, ni tan siquiera un te echo de menos. No espero, ni trataré de olvidar nada. No es un siempre, ni un nunca. No son sentimientos, es una vida.
...Doscientas semanas y cinco años después, todo sumado, el cielo se abrió y como el más extraño suceso meteorológico entraste dentro de mi caótica cabeza y mis manos de cerámica. Estarás en un lugar cualquiera con otra gente. Estarás volviendo a nacer. Y yo estaré viéndote crecer desde mi ventana, que no son más que estos ojos redondos como lunas. Estaré viéndote crecer en una desaliñada casa de una calle paralela a la tuya. Dos ríos sin mar donde desangrarse ni morir. Vivimos en avenidas de pegamento intentado despegar con las rodillas clavadas al suelo.
Aunque no lo creas, me quedaré con las ganas de decirte las veces que te he inventado. Ni siquiera ha hecho falta tenerte presente para saber dibujar tus lunares con esta memoria tan puta que me acompaña. He sabido engañar a la madrugada con otros cuerpos y otros quereres. Te he imaginado en las sombras del orgullo que siempre sentías cuando mi pintura alzaba el vuelo. Me he drogado contigo cada vez que los demás me han fallado. Y has sido tú mi mejor desvarío, sabiendo desobedecerme cada día. Me acompañas siempre, como mi negra sombra, como la soledad que celosa me aparta de todos.
Tú nunca lo sabrás porque estas cartas no llegarán al polvo donde te convertiste.
Te he inventado. Te seguiré inventando.
En otro mundo todavía es siempre.

jueves, 18 de abril de 2013

Intuiciones de Granada


Te he imaginado tantas veces que ahora que te tengo delante, aún no me creo que sea verdad. Te he imaginado desde cualquier lugar, desde la oficina o antes de ir a dormir, con sólo cerrar los ojos te intuía desde lejos. Me he preguntado millones de veces cómo olerías cuando la luna se pone sobre tu tejado negro y estrellado, a qué sabrían los cafés cuando despertabas, si acaso necesitaría azúcar para endulzar algo que venía amargo de su existencia. 
Te he echado de menos...no preguntes cuántos años han sido, ni por qué aún no he venido a buscarte; sé que tus ríos y los míos irán a desembocar al mismo lugar. Y lo sé porque te siento, porque no me hace falta tenerte, ni siquiera saberte, para sentirte conmigo y sentir que me sientes. Porque creo que la casa de cada uno está en el lugar donde se encuentra, como un caracol con su casa siempre a cuestas. No hará falta París para sentir en los pies descalzos los cristales de la bohemia y el sabor agridulce del Arte. En ti cantan alegres estómagos vacíos y pintan los pintores las calles que ayer te engendraron. A ti van a parar todos los pobres que sólo tienen dinero, y también las putas y los vasos de tequila.
He saboreado tus colores, he trazado con mi lápiz formas inigualables sobre tu pecho, y sé que cuando llueve tus calles se vuelven más escurridizas y es fácil el tropiezo.
Mi exilio cada fin de mes sólo sirve para recordarte, para conocer otros horizontes que quizás no sean míos, pero que quiero conocer.
Soy rica en la incertidumbre, mas certezas tengo pocas, pero si algo sé, es que contigo SOY.



lunes, 8 de abril de 2013

Introducción al renacimiento



Hablaba hoy el periódico de crisis y guerras. De lunas que se menguan. 
El tiempo está revoltoso y juega a mojarnos a su antojo. Hablan los titulares de un nuevo Renacimiento dentro de mi. 
Descubiertos se hallan principios vacíos y vergüenzas que deben desvestirse en el juicio del espejo. Se han encontrado restos de te quieros que se quedaron sin decir en las faldas de las montañas de Nunca Jamás; sentimientos olvidados que creían enmudecer con el tiempo. 
Aparecen nuevos frentes cargados de letras, pintores, y genios locos que aún están por conocer. Las nuevas generaciones, lejos de ser la del 27, sólo piensa en no pensar. La poesía se vende en la carnicería a precio de carne de buey. Beethoven, medio sordo por las burlas, crea con grandeza la sonata que oiremos en el escenario de las sábanas...La Sonata del Gemir. Revoluciones de carne y piel, con amaneceres que huelen a sexo y tabaco. 
Los políticos y los tontos ocupan la contraportada. Unos juegan a mentir y otros a reír. Y ninungo de ellos sabe nada de lo que ocurre aquí. 
Se ha descubierto un nuevo París donde los relojes van al sentido contrario, los semáforos son de todos los colores y la gente se toca cuando camina por la calle. París siempre huele a menta. Las malas lenguas hablan de Venecia encharcada cada vez que lloras. 
Dalí sigue asentándose a la sombra de Gala, y Neruda sigue viviendo sólo en aquel cuchitril de tierra de nadie, escribiéndole al invierno que te dejó ir. Son demasiadas primaveras sin saber de ti.
Los valores en bolsa descienden en picado, abril empieza a florecer, y cada vez las despedidas son menos tristes.

Y la última Buena Nueva aún está sin escribir. Nadie sabe que te vuelvo a buscar entre las calles de una ciudad blanca. Nadie habla de ello porque las letras aún no están escritas; pero volveré a por algo, algo que aún no sé lo que es.