sábado, 27 de abril de 2013
Cartas al Círculo Polar III
Esto no es una declaración de amor, ni tan siquiera un te echo de menos. No espero, ni trataré de olvidar nada. No es un siempre, ni un nunca. No son sentimientos, es una vida.
...Doscientas semanas y cinco años después, todo sumado, el cielo se abrió y como el más extraño suceso meteorológico entraste dentro de mi caótica cabeza y mis manos de cerámica. Estarás en un lugar cualquiera con otra gente. Estarás volviendo a nacer. Y yo estaré viéndote crecer desde mi ventana, que no son más que estos ojos redondos como lunas. Estaré viéndote crecer en una desaliñada casa de una calle paralela a la tuya. Dos ríos sin mar donde desangrarse ni morir. Vivimos en avenidas de pegamento intentado despegar con las rodillas clavadas al suelo.
Aunque no lo creas, me quedaré con las ganas de decirte las veces que te he inventado. Ni siquiera ha hecho falta tenerte presente para saber dibujar tus lunares con esta memoria tan puta que me acompaña. He sabido engañar a la madrugada con otros cuerpos y otros quereres. Te he imaginado en las sombras del orgullo que siempre sentías cuando mi pintura alzaba el vuelo. Me he drogado contigo cada vez que los demás me han fallado. Y has sido tú mi mejor desvarío, sabiendo desobedecerme cada día. Me acompañas siempre, como mi negra sombra, como la soledad que celosa me aparta de todos.
Tú nunca lo sabrás porque estas cartas no llegarán al polvo donde te convertiste.
Te he inventado. Te seguiré inventando.
En otro mundo todavía es siempre.
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