Ahí está.
Toda una vida reducida a cinco metros de papel.
Primero fue el negro.
Rompiendo toda eternidad difusa del blanco.
Después el angustioso gris.
Atosigante, molesto, incómodo y presente en toda la superficie.
Tras él, azul.
Pero no un azul cielo.
Azul de mar en noviembre. Eterno y frío.
A continuación verde.
Verde de un invierno interminable.
De problemas hasta el cuello.
De carencia.
De vete tú a saber.
Toda una galaxia de colores estrellados minuciosamente,
meticulosamente salpicados.
En el centro de todo esto que conforma una galaxia inestable, yo.
Y por último, coronando toda la gracia de la constelación,
un rojo constante que entra en el papel, lo atraviesa, y sale por el otro lado.
Rojo de amor, constante, rojo fuego, rojo puta, pasión, tan rojo como el odio, como la rabia, como el calor de un beso que va a estrellarse justo al epicentro,
que soy yo.
jueves, 30 de octubre de 2014
martes, 21 de octubre de 2014
Porque sí
Vuelvo a casa. Llueve.
Parece que toda la lluvia fuese a estamparse contra mi coche con rabia,
-qué coño le habré hecho yo al cielo.
De fondo suena una canción de esas lentas y penosas que sólo pones cuando estas triste y no tuvieras mejor idea que meterte el dedo en la pena.
O en la llaga.
Como siempre, me quedo un rato en el coche al llegar,
es un método parecido al de coger por capricho el camino más largo,
pero para llegar a ninguna parte.
Como siempre al volver bebo cerveza,
como si no soportase
quererte
sin excusas,
a cara descubierta,
sin más razones
que porque sí.
... Entre las gentes,
a un lado de tus gentes y las mías,
te he dicho "ya es tarde",
y tú sabías que decía "te quiero".
lunes, 13 de octubre de 2014
Entonces andaré por mi ciudad y entraré en el hotel, o del hotel saldré a la zona de los retretes rezumantes de orín y de excremento.
Contigo estaré, amor mío, porque contigo yo he bajado alguna vez a mi ciudad y en un tranvía espeso de ajenos pasajeros sin figura he comprendido que la abominación se aproximaba, que iba a ocurrir el Perro, y he querido tenerte contra mi, guardarte del espanto, pero nos separaban tantos cuerpos, y cuando te obligaban a bajar entre un confuso movimiento no he podido seguirte, he luchado con la goma insidiosa de solapas y caras, con un guarda impasible y la velocidad y campanillas, hasta arrancarme en un esquina y saltar y estar solo en una plaza del crepúsculo y saber que gritabas y gritabas perdida en mi ciudad, tan cerca e inhallanable, para siempre perdida en mi ciudad, y eso era el Perro, era la cita, inapelablemente era la cita, separados por siempre en mi ciudad donde no habría hoteles para ti ni ascensores ni duchas, un horror de estar sola mientras alguien se acercaría sin hablar para apoyarte un dedo pálido en la boca.
...Y tú, de tiempo en tiempo, estás también en la estación pero tu tren es otro tren, tu Perro es otro Perro, no nos encontraremos, amor mío.
viernes, 3 de octubre de 2014
Te propondré una cita.
Tú aceptarás.
Elegiré el lugar y la hora.
Me pondré el mejor vestido haciendo juego con la mejor sonrisa.
Llegarás al lugar.
Yo llegaré diez minutos tarde.
Como siempre.
Empezaremos a hablar.
Pediré vino.
Nos reiremos.
Pasado un rato me mirarás a la boca mientras te hablo.
Te besaré.
Seguiremos bebiendo.
Nos iremos de allí de la mano.
Me sonreirás.
Follaremos de camino al piso.
Después me fumaré un cigarro,
te diré que no estoy segura.
Tú, haciendo alarde de tu poca sangre, guardarás silencio.
Te diré que me voy.
Tú me dejarás ir.
Y yo me iré.
Me iré.
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