jueves, 30 de octubre de 2014

El mundo visto desde el cielo

Ahí está. 
Toda una vida reducida a cinco metros de papel. 
Primero fue el negro. 
Rompiendo toda eternidad difusa del blanco.
Después el angustioso gris. 
Atosigante, molesto, incómodo y presente en toda la superficie. 
Tras él, azul. 
Pero no un azul cielo. 
Azul de mar en noviembre. Eterno y frío.
A continuación verde. 
Verde de un invierno interminable. 
De problemas hasta el cuello. 
De carencia.
De vete tú a saber.
Toda una galaxia de colores estrellados minuciosamente, 
meticulosamente salpicados. 
En el centro de todo esto que conforma una galaxia inestable, yo.
Y por último, coronando toda la gracia de la constelación, 
un rojo constante que entra en el papel, lo atraviesa, y sale por el otro lado. 
Rojo de amor, constante, rojo fuego, rojo puta, pasión, tan rojo como el odio, como la rabia, como el calor de un beso que va a estrellarse justo al epicentro, 
que soy yo.

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