miércoles, 5 de noviembre de 2014

De ti y otras muertes

Una parte de mi quedó huérfana. 
Lo sé porque te fuiste. Sin hacer ruido.

Y porque todavía hoy,
a veces,
sueño contigo.

Han pasado los años como un jarro de agua fría,
ya ni si quiera llueve sobre mojado.
Ojalá pudiera disfrutar por un rato del dolor que me causaba echarte de menos,
ojalá pudiera ser otra vez una niña jugando a pegar piezas de un jarrón que yo misma rompí.
Han pasado los años.
He perdido la cuenta.
Y también la cabeza.
Ahora sólo soy los trozos que dejaste por ahí, en otras bocas, en otros ojos, en otras manos.
Te sueño
a veces
como si no hubieran pasado los años,
como si la ternura con la que me abrazabas no hubiera envejecido.


Así la inmortalidad se ríe de mi.


"Pero esa sonrisa era mía.
La había provocado tantas veces
que de algún modo siempre
me he sentido partícipe de ella.
Incluso en este tiempo que se la habrás regalado a cualquiera

Estás igual. Dijo. 
No supe qué hacer con su recuerdo en ese momento.
Como si de golpe hubiera estado intentado olvidar
algo que en realidad ya no necesitaba.
Ni siquiera cuando sonrió
sentí que aquellos labios
hubieran atado los míos
al borde una copa.
- Tengo que irme. Dije.
Como quien escapa del ruido del pasado
cerrando todas las puertas del destino.
Caminé hasta casa, extraño, confuso,
con la sensación de haber perdido las llaves
del resto de mi vida
y esa tristeza infinita en el pecho
de quien ya no tiene de quien olvidarse. 
- Cuatro años. Me dije en voz alta sorprendido."

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