Girasoles con un pésimo sentido de orientación.
A quién tengo que matar para poder morirme en paz.
Toco la felicidad con la punta de los dedos,
he metido la nariz hasta el fondo,
he rasgado con las uñas el hueso que va del placer al displacer.
Los días siguientes siempre me huelen las manos a mandarinas.
Muy a pesar de haber estado a punto, nunca llego a ser feliz del todo.
Como vivir con la sensación de un estornudo interrumpido
y esa misma cara de idiota.
Siempre a punto de todo.
Tendremos que buscar un atajo.
Hacer trampas.
Cambiar de postura.
Aprovechar los días de fertilidad,
para
poder
le
van
tar
el
al
ma
del
suelo.

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