Mi vida resulta así el antetítulo de la gran obra. Un ensayo permanente buscando cómo evitar el error. Pero quien quiere la perfección ha de hundir a veces los dedos en la mierda, cosa que me repito y parezco no aceptar. Debería ser el Goliat ante la insignificante probabilidad de equivocarme, y sin embargo resulto ser el soldadito de plástico verde minúsculo con los pies unidos a un charco verde. Beata de la quimérica perfección.
La gran obra llegará cuando no haya ensayo, cuando la voz en off que se pregunta si de verdad puedo hacerlo por fin se apague, y de una vez por todas, de una gran vez, como la gloriosa aparición, como el esplendor de un aura, hunda con decisión mis dedos en la mierda.
Esto es sólo el prólogo.
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