Solo son dos
que se besan solos
y el beso descansa
tranquilo
sobre la cama
agazapado
acostumbrado
a que nada pase
dos son un pájaro
cuando se besan
voraces y jóvenes
con prisa
por comerse
hasta la ropa
en la cocina
o en el parque
en los tiempos que se discutía
con la furia de un león
con la misma
que se hacía el amor
tras la reconciliación
ahora
a veces
solamente
son dos calaveras
que pasados un puñado de años
se acuestan en la misma cama
se arropan
el uno al otro
y el beso se acostumbra
a la misma hora
llega el te quiero habitual
se olvida
por un instante
el fuego
con que se besaron
y como pájaros
les sobraba el techo
para arrancar a volar
voraces
se rompían la ropa
quemando hasta el minutero del reloj
también hay belleza
en ese puñado de años
en el te quiero acostumbrado
en el minutero sosegado
en el gesto de arroparse
el calor
que dan
tantos días
tantos años
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