Pero no temas, querida, el no saber reconocerme. Si nos cruzamos y no sientes el corazón en el cielo de la boca, o si tu sonrisa no es más que otro acto rutinario, si no suspiras de beso, o no sientes la necesidad de saber mi nombre no te preocupes. No temas al error de no saberme, de confundirme, de otro espejismo. Si no te crecen alas, o no te cambia el clima de repente, o no se te viene una canción a la cabeza. No importa en serio. De hecho puedes seguir con tu camino y no haré absolutamente nada por retenerte.
Simplemente era yo el que me había equivocado.
E.P. Vallejo
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