Yo, que no sé de torear, esquivo los cuernos de la soledad ataviada con el traje de luces. Siempre me invento alguna excusa para no verme las caras con ella.
Me quedo a solas, conmigo, en las noches frías, en los wiskys del lunes, en las bocas del sábado, en los secretos escondidos que sólo yo me guardo. Lo malo de esta historia es que a la hora de pagar sólo hay una candidata. Pero si me sonríes te dejaré buena propina.
Acabé en este lugar por sinvergüenza, sin agendas, sin planes, sin mañanas, no los quiero. Quiero vida.
Así que si me necesitáis, si es que algún día lo hacéis, no me busquéis en la calle Melancolía, allí sólo hago visitas a Magdalena.
Buscadme por los tejados, aullando a la luna.
Y habrá algún necio que a esto llame soledad...

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