jueves, 13 de diciembre de 2012
Leonas heridas
Malherida. Dos flechas certeras le han cruzado la columna vertebral y la llenan de impotencia. Los chorros de sangre manan de las heridas. Sus patas traseras se han inmovilizado y las arrastra inertes por el suelo, mientras su mitad delantera está viva todavía. Las patas están tensas, se separan, intentando mantener por un instante la altiva dignidad. El hocico ruge en un gesto eterno. La leona está a punto de morir. Lo intuimos. Pero admirad, también, su orgullo y su valentía. Los ojos se están poniendo blancos y se fijan en un punto impreciso del horizonte.
La leona ruge, no de dolor, sino de rabia, dispuesta aún, con el medio cuerpo que le queda, a despedazar a quien se ponga a su alcance. Ella, la reina de la estepa, muere como una reina, sin despertar compasión ni desearla.
Sabed que la muerte no me impresiona.
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