miércoles, 1 de julio de 2015

Eso es

Vivir sin pasión es como caminar borracho.
Uno vaga de un lado a otro errante sin saber bien adónde ir.
Cuando no se siente pasión por nada, se come por comer, se duerme por gastar tiempo y se ríe por reír.
Se hace común el titubeo a la hora de hablar en voz alta,
más aún la vacilación en el cruzarse caminando con alguien, 
ir para el mismo lado que el otro y finalmente, chocar.
De lejos se nos ve venir a los que estamos perdidos. Claro.

Sin embargo, hablarle de pasión a alguien que quizás nunca la ha conocido más que en telenovela sería como explicarle a un mendigo el sabor del caviar, y lo feliz que este se deshace en el paladar.
Una banalidad.
Qué bueno saberse para algo.
Terminar en una explosión de euforia con dolor de espalda tras haberlo conseguido.
Hablar en voz alta sabiéndose para algo, aunque se titubee.
Caminar sin saber muy bien la dirección pero con zapatos fijos.
Un beso en la frente cuando se tiene ganas de llorar. 
Y por supuesto un trozo de pan caliente en los bolsillos
para cuando el espíritu desvanece.
Eso es la pasión.



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