lunes, 25 de junio de 2012

Carta a Dalí

En la primera, Gala vive y muere delirando con los ojos en blanco. En la segunda murió sin censura. Tercera guerra mundial en silencio, despojes de tiempos verbales. En la cuarta apareció la sombreada forma de un cuerpo que me hizo olvidar la quinta frase. Se la llevó el aire, se derritió cual reloj de Dalí, mucho antes de terminar un párrafo. Y entre mis manos, en la sexta, mientras moría, yo callaba y me atreví a sonreír. Fue un abril que faltó a la cita, y un día que estuvo sin estar. Fueron nuestras ganas, y también el puto tequila. Cuando me desperté en la octava, me hallé pintando unos rizos en el lienzo. Toda mi vida en lienzos. Ovidé la séptima en otra boca. Nadie se percató, sólo yo, de que la novena sinfonía sonaba alegre por las calles de una ciudad emborrachada.

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