Hablábamos de Granada y sus calles. De pintores, músicos y un sin fin de historias que guardar en esas calles. Los acordeones sonaban por la plaza, la gente corría a su trabajo. Siempre que imaginaba Granada recordaba el antiguo puente sobre el río. Quizás mi sitio estaba allí, apartada de tanto ruido, y tanto sinsentido... Dí la última calada al cigarro, y miré al cielo como si él tuviera la respuesta...
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