Te dejé ir entre periódicos y títulos de páginas en blanco.
Y volví a encontrarte al tropezarme con tu sonrisa. Te encontré agachada,
remendando mis vestidos de días rotos, y pintando en cada baldosa una sonrisa.
¿Cómo quieres que evite esto? Sería estar muy cuerdo. Déjame que me lo crea.
Déjame que te dedique versos que no leerás, déjame que pasen los dias y sea yo
quien te haga sonreír. No pido más. No quiero cárceles ni jaulas, sólo ser el
perro fiel que duerme cada noche a tus pies. Cada día será un verso. Creeré en
los milagros si eres capaz de juntar las penas con la cordura del que no quiere
ver. Seré el Lázaro que te hará levantar, yo te invito a vivir, a saborear la
pintura con la yema de los dedos...

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