domingo, 5 de agosto de 2012

Alegre, loca y gris


Aquella fue una época gris. No negra, no con el negro de la muerte, el negro del vacío y el horror y la desesperanza de saberse al final de todo, privado de todo, o de ya no saberse, acabada la voluntad, el futuro, la calma y la excitación, ausente al fin la vida y uno mismo.
Tampoco fue blanca como la nada de antes de la existencia, silenciosa y blanca, eterna y blanca, fría y blanca. No.
Fue gris, triste, asfixiante, interminable como un cielo de noviembre sobre una llanura pantanosa. Ahí está, a la izquierda del cuadro, esa penosa extensión de sepia. Y en medio de la llanura, mi propia silueta violeta.

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