lunes, 13 de agosto de 2012

Bécquer LXIV

Como guarda el avaro su tesoro,
guardaba mi dolor;
le quería probar que hay algo eterno
a la que eterno me juró su amor.

Mas hoy le llamo en vano
y oigo al tiempo, que le agotó, decir:
—¡Ah, barro miserable!
¡Eternamente no podrás ni aun sufrir!


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