Como guarda el avaro su tesoro,
guardaba mi dolor;
le quería probar que hay algo eterno
a la que eterno me juró su amor.
Mas hoy le llamo en vano
y oigo al tiempo,
que le agotó, decir:
—¡Ah, barro miserable!
¡Eternamente
no podrás ni aun sufrir!
No hay comentarios:
Publicar un comentario