Luego vuelvo a quererte,
cuando nos acostamos y siento que estás hecha para mí,
que de algún modo me lo dicen tu rodilla y tu vientre,
que mis manos me convencen de ello,
Y hay días también, hay horas, en que no te conozco,
en que me eres ajena como la mujer de otro.
Me preocupan los hombres, me preocupo yo, me distraen mis penas.
Es probable que no piense en ti durante mucho tiempo.
Ya ves.
¿Quién podría quererte menos que yo?
Estoy bien.
Pero no puedo quitarme esta sensación de encima cuando vuelvo a casa.
Y me doy una ducha
en un intento idiota de pensar que el agua me lavará también por dentro.
II
Te he querido mientras la ciudad dormía,
en dos metros cuadrados con vistas a un solar,
en los sitios adonde llevabas a tus novias,
en los lugares adonde llevo a las mías,
te he sentido como un portazo en silencio,
sin más testigos que la luna
entre las fugaces luces de los coches que pasaban
sin tener ni idea de nuestro espectáculo de fuegos artificiales
entre el vaho de los cristales empañados.
En medio del ruido.
Sin peros
ni para qués.
Del derecho
y a veces, del revés.
Te quiero por desafinada
y por estas ganas de tocarte.
III
Algo tan simple
como que
a veces
me doy envidia
por pensar
en la astrofísica
quimérica
utópica
ilusoria
y maldita posibilidad
de ser yo
quien ha quedado
contigo
esta noche.