domingo, 7 de diciembre de 2014

El cielo de las ratas

Lo disimulas
a cada rato.

Como si nadie se diera cuenta.
Quizás nadie se dé cuenta

Lo guardas bajo el vestido,
cierras los ojos cuando a ellos te miran
por si acaso,
en un leve parpadeo
a tus pupilas les da por contar verdades.

Ya sé que vas por las calles,
intentando deshacerte de ello,
como quien huye de su sombra.
Que llegas a los sitios
como si nada pasara contigo.

Pero tú sabes
que sí pasa.

Devoras libros,
impartes clases de poesía
y viajas en primera clase
a los safaris pornográficos
para distraer
no sé a quién o qué.

A qué juegas, canalla.
Con quién mantienes las distancias
más que con la innoble con la que convives.
Qué pretendes con tanto silencio.

Tú y tu afición de escabullirte de todo
cuando las cosas no pintan bien
tú que te has acomodado en la boca del lobo
y ahora todo lo demás te sabe a poco.
Tú que te recreas en las casitas de muñecas
jugando a ser funambulista
haciendo equilibrismos
entre la tentación y el olvido.
Entre nunca
y quién sabe.
Que cuentas las tristezas por costillas marcadas.
Que no soportas saberte infiel por naturaleza
y mucho menos
admitir
que a veces ser buena
y actuar de corazón
para ti es la misma cosa.

Será por eso
que devoras
libros
y viajas a safaris
pornográficos
siempre
en primera clase.



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