domingo, 14 de diciembre de 2014

No eres tú, soy yo


"Yo ya no quiero
seguir todas las noches vigilando
cuándo voy a dormirme, cuándo.
Yo lo que quiero es que pase algo,
que me muera de veras
o que de veras esté fastidiado,
o cuanto menos que se caiga el techo
de mi casa un rato."


Hoy tengo el cuerpo revuelto. 
Se me ha metido algo en los ojos
y no me deja ver más allá de este domingo.
He abierto el cajón de las cosas perdidas a posta.
Y me han venido de golpe todos esos meses,
abofeteándome, escupiendo verdades
que yo ni he preguntado.
Que a ver quién me he creído yo.
Si la que sólo quería dormir a tu lado
o la que pretendía acostarse contigo.
La que se inconforma, 
y la que se inquieta.
La que te pone y te quita.
La mujer de andar por casa,
o la que le gusta andar por terrenos pantanosos.
La valiente que se tiró de cabeza a una piscina sin agua
o la cobarde incapaz de admitir que esto ya no funciona.
La que no acepta tratos sin seguros a todo riesgo,
ni a terceros. 

Siento decirte, 
que las dos 
soy yo.

Esos días.
En los que para alimentar a una,
tenía que dejar hambrienta a la otra.
Hasta que tanta desnutrición
me hizo de tripas un precioso corazón.

Como una meretriz traficando con emociones,
emociones nuevas que despierten a un muerto,
que desinfecten todas las termitas
de los muebles de mi cabeza.

No hace falta que comprendas 
esa absurda filosofía
de que para llegar al paraíso absoluto,
hace falta calarse hasta los huesos de miseria. 
Cuando elegí este camino
de sobra sabía 
que no era el bueno. 




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